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Recoger la hojarasca | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- Si bien para muchos las fechas que corren marcan el fin del año, un ciclo terminado con sus lamentos y motivos de celebración y sus días de asueto y posadas, para otros son la víspera de uno nuevo con mejores oportunidades, en el que el esfuerzo y la tenacidad avizoren logros, premios y recompensas al trabajo, al empeño y a la dedicación de todos los individuos que integramos la sociedad de este país, cada vez más grande y meritorio que llamamos nuestro México. Aunque no parezca por la percepción pesimista que nos persigue, la gran familia mexicana tiene para estas navidades más motivos de festejo que de lamento; más razones de optimismo hacia arriba, que pretextos para abajo.

2.- Todos pedimos luz, más luz, y como Goethe en sus últimas palabras, nosotros procuramos que sean las primeras del amanecer. Y porque tenemos presente que los lazos de solidaridad que nos identifican consuelan y confortan el espíritu de quienes transcurren una pena, y alientan a los que consuman un logro, buscamos con éstos mitigar las primeras, porque el curso de los años debe nada más nutrir la experiencia y enriquecer la sabiduría, ésa que no está en los museos ni en las bibliotecas mayores, sino en la cabecita y en el corazón de cada uno de nosotros: la de la madre, la del hijo; la del empleado, la del patrón; la del maestro, la del estudiante.

3.- Así como no existen fórmulas para la eterna felicidad, tampoco hay condenas a la tristeza permanente. Todos tenemos motivos de júbilo que trascienden nuestro tiempo y nuestro espacio, como la inédita y muy rara ocasión de tener una tatarabuela en casa; una que sale y pasea y visita a su numerosa progenie todos los días; que jamás se ha dejado vencer, y que disfruta de los suyos tanto como su descendencia quisiera aprender a gozarla a ella: la categoría de bendiciones que nos llenan de un singular orgullo, que no podemos dejar de compartir.

4.- Con enfoques privilegiados, podemos contribuir a recoger la hojarasca en el pequeño universo de los escépticos, los irredentos y los incrédulos, a salir del abalaustrado ambiente de la duda, la desconfianza y el resquemor. Podemos ayudar a que soplen brisas templadas y cálidas en lugar de barruntos de tormenta cotidiana, simplemente dando la vuelta a la perspectiva de miedo y condena previa a que las circunstancias nos han acostumbrado. El progreso de una sociedad, y de un país, también se mide en el estado de ánimo de quienes los integran, además de los índices económicos, las encuestas y las estadísticas. Tal vez sea hora de cambiar estigmas, parámetros y estereotipos.

5.- También es hora de dar las gracias, no nada más de reclamar y prejuzgar. La mayoría de los mexicanos tenemos más razones para reconocer lo que tenemos de bueno, que para maldecir lo que nos hace falta. El mundo se encuentra al revés por fuerza de una secta de fanáticos, hijos de la más cavernícola de las ignorancias, y ése es sin duda el desafío mayor que enfrentamos todos en meses y años por venir, y la calamidad más seria que ha enfrentado la Humanidad en siglos: no se puede menospreciar. Lo que tal vez no hemos valorado con justeza, es que la fuerza de la voluntad, la inteligencia y la razón siempre han superado a la violencia enfermiza de la ultranza.

6.- Lejos de añorar épocas pasadas, de las que nos tocó ser testigos y algunas que nos cupo el privilegio de protagonizar, aprovechemos para asumir la actitud de construir otras más excelsas, más trascendentes y más meritorias para los que nos siguen, sin enredar candidez con ingenuidad. Recordar que tenemos modelos a seguir en todos los sentidos, y que la pequeña historia que tejemos todos los días se convierte, galvanizada por la memoria, en la más valiosa experiencia que regalamos a los amigos vueltos a ver de décadas, a los hermanos que nos estrechan la unidad, a los hijos en progreso, en la sonrisa de una larga cadena de ¡Muchas felicidades!

camilo@kawage.com

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