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Recopilaciones

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

  • Caros Durón García

Los Reyes Magos de Oriente es el nombre por el que la tradición cristiana denomina a los “magos” —denominación que recibían los doctores de la Iglesia o sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente— que, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde allá para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.

EVANGELIOS

En los Evangelios solo Mateo habla de estos “magos”, sin precisar sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo III cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes.

Fue también en ese siglo cuando se estableció su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro magos, e incluso las iglesias siria y armenia aseguraban que eran 12, como los apóstoles y las 12 tribus de Israel.

NOMBRES

Los nombres actuales de los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el famoso mosaico de San Apollinaire Nuovo (Rávena) que data del siglo VI, en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres encima y representando distintas edades.

Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta el siglo xv, para que el rey Baltasar aparezca con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas de la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.

La palabra “mago“, proviene del persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote. Llegó al griego como  (magós) refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios, que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como magi, /mágui/ (cf. magister, /maguíster/) de donde llegó al español.

CATOLISISMO

La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia. Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de reyes) quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al “Rey de los judíos que ha nacido” en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien presentan ofrendas de oro, incienso y mirra.  Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores de Jesús, hay que tener en cuenta que el término griego magós no era utilizado únicamente para
referirse a los hechiceros.

Se utiliza, en este caso, para referirse a ‘hombres sabios’ (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia.

De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras y, desde entonces se ha sostenido que pertenecían al mazdeísmo.

HISTORIA

Mateo no explicita que sean astrólogos que conocieran con precisión el movimiento de alguna estrella a pesar de ser ésta la creencia general. Aunque bien intencionados, su visita es causa de turbación general y despierta la desconfianza de Herodes, pues veía al nuevo Mesías como
un rival.

A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de 30 años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías con el fin de poder, así, acabar con su potencial competidor. Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra.

Un ángel previene a los magos de las intenciones que Herodes guardaba, así que no regresan donde él. Iracundo, el rey manda a matar a todos los niños menores de dos años.

Para entonces, José ha sido avisado en sueños de que debe huir a Egipto con los suyos. A partir de ese relato, se han ido elaborando numerosas leyendas sobre los hechos y la personalidad de estas tres figuras.

Según la interpretación de José Luis Sicre en el tiempo en que fue escrito el Evangelio de Mateo se estaba produciendo un incremento de conversiones paganas al cristianismo frente a las de los propios judíos.

La incursión de estos fragmentos sobre los magos de Oriente en el Evangelio de san Mateo subraya este hecho y lo utiliza como argumento de conversión: si los de fuera vienen y lo adoran (se convierten) ¿cómo no os dais cuenta los que lo tenéis entre vosotros?

A diferencia de los magos que ya se encontraban dispersos en tierra de Israel y todo el mundo helénico, el énfasis que se emplea al decir “de Oriente”, marca un cambio de connotación: el autor busca traer a la mente un personaje asociado con el Oriente, diferente a los sabios convencionales de Israel (rabinos), que conociera además las profecías mesiánicas y que fuera autoridad bíblica para el lector judío (ya que se acepta a nivel general que el Evangelio de Mateo fue escrito para hebreos y aún en lengua hebrea según el testimonio de casi todos los padres de la Iglesia).