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Recopilaciones

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

Las siete maravillas del mundo antiguo fueron un conjunto de obras arquitectónicas y escultóricas que los helenos, especialmente los del período helenístico, consideraban dignas de ser visitadas. A lo largo del tiempo distintos autores confeccionaron diferentes listados, pero el definitivo no se fijó hasta que el pintor neerlandés Maerten van Heemskrerck, realizó en el siglo XVI siete cuadros representando a las siete maravillas.

Esas siete maravillas fueron la Gran Pirámide de Giza, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de
Alejandría.
NO HAY RESTOS DE LAS ESTATUAS.

Los restos y evidencias que han quedado de dichas obras varían mucho de unas a otras. Una de ellas, los Jardines Colgantes de Babilonia, plantea dudas sobre su existencia real, al menos en la ciudad de Babilonia. De las dos estatuas de la lista no se conserva ningún resto, aunque sí representaciones en monedas de la escultura en honor a Zeus. De los cuatro edificios de la lista han llegado hasta el siglo XXI descripciones, planos, representaciones, restos y en un caso, el de la Gran Pirámide de Guiza, la mayor parte de su construcción. La lista que tiene mayor consenso es la siguiente, con sus elementos ordenados según su antigüedad: La Gran Pirámide de Guiza. Terminada alrededor del año 2570 a. C., fue construida para el faraón Keops. Ubicada en Guiza, Egipto, la más antigua, la más grande y la más duradera, pero cuya última finalidad se desconoce aún. Los Jardines Colgantes de Babilonia. Construidos en 605 a. C.-562 a. C. ubicados en la ciudad de Babilonia, actual Irak. Perduraron hasta no más allá de 126 a. C., cuando la ciudad fue destruida definitivamente por los persas. Es la maravilla que más dudas plantea sobre su existencia real. El Templo de Artemisa, en Éfeso (actual Turquía), comenzó a ser levantada por el rey Creso. Edificado hacia 550 a. C. y destruido por un incendio intencionado en 356 a. C., Alejandro Magno ordenó su reconstrucción, culminada tras su muerte en el año 323 a. C. Antípatro de Sidón la consideraba la obra más impresionante de su lista con diferencia. La Estatua de Zeus en Olimpia. Esculpida hacia 430 a. C. por Fidias. Ubicada en el interior del templo dedicado al propio Zeus en la ciudad anfitriona de los famosos juegos. El Mausoleo de Halicarnaso. Empezado por el sátrapa Mausolo y continuado por su mujer Artemisa hacia 353 a. C. en la ciudad de Halicarnaso en la actual Turquía. Se supone que sobresalía sobre los demás edificios por altura y por el color blanco de los materiales utilizados. El Coloso de Rodas. Forjado entre 294 a. C. y 282 a. C., ubicado en un lugar desconocido de la ciudad de Rodas en la isla homónima,  Grecia, tras derrotar los rodios a Demetrio Poliorcetes. El Faro de Alejandría. Construido entre 285 a. C. y 247 a. C. en la isla de Pharos, a la entrada de Alejandría (Egipto), para guiar a los navíos que se dirigían a los dos puertos con que contaba la ciudad. Al igual que la tumba de Mausolo que daría nombre genérico a todos los grandes monumentos funerarios posteriores, la torre de Faros (Pharos) hizo lo propio con los edificios construidos para ayudar a la navegación.
CON FINES RELIGIOSOS

Esta lista, fruto más del azar que de algún criterio técnico o estético, recoge tres obras con un claro fin religioso, el Coloso de Rodas, la Estatua de Zeus en Olimpia y el Templo de Artemisa; dos que pueden considerarse erigidas por motivos hedonistas, el Mausoleo de Halicarnaso y los Jardines Colgantes; y por razones prácticas el Faro de Alejandría y la Gran Pirámide, esta última en el caso de resultar cierta la teoría de Kurt Mendelssohn, según la cual el reino unificado egipcio necesitaba ocupar en algo a su gran población mientras las tierras de cultivo permanecían inundadas. El Faro de Alejandría fue una torre construida en el siglo III a. C. (entre los años 285 y 247 a. C.) en la isla de Faro en Alejandría, Egipto, para servir como punto de referencia del puerto y como faro. Con una altura estimada entre 115 y 150 metros. Fue una de las estructuras hechas por el hombre más altas durante muchos siglos, y fue identificada como una de las siete maravillas del mundo por Antípatro de Sidón. Sería derribado por los efectos de un terremoto a principios del siglo XIV. Lo construyó el arquitecto Sóstrato de Cnido por orden de Ptolomeo I en la isla de Faro (Pharos), frente a Alejandría. Consistía en una gran torre sobre la que una hoguera nocturna marcaba la posición de la ciudad a los navegantes, dado que la costa en la zona del delta del Nilo es muy llana y se carecía, por tanto, de cualquier referencia para la navegación marítima.

Su altura alcanzaba los 134 metros y en su construcción se utilizaron grandes bloques de vidrio que fueron situados en los cimientos para evitar la erosión y aumentar la resistencia contra la fuerza del mar. El edificio, erigido sobre una plataforma de base cuadrada, era de forma octogonal y estaba construido con bloques de mármol ensamblados con plomo fundido. En la parte más alta un gran espejo metálico reflejaba la luz del sol durante el día, y por la noche proyectaba la luminosidad de una gran hoguera a una distancia de hasta 50 kilómetros. Junto con el Mausoleo de Halicarnaso, el faro logró sobrevivir intacto todo un milenio. Sin embargo, fue severamente dañado por los terremotos de 1303 1303 y 1323 hasta el punto de que el avezado viajero árabe Ibn Battuta escribió que le había sido imposible entrar en las ruinas. Los restos desaparecieron en 1480 cuando el sultán de Egipto Qaitbey empleó los bloques pétreos de las ruinas para construir un fuerte. En la actualidad existe un proyecto de reconstrucción del faro (estimado en 40 millones de dólares), propulsado por varios países de la Unión Europea (Francia, Alemania, Italia y Grecia) que están dispuestos a incluir el Faro en el ambicioso proyecto Medistone, concebido para recrear y conservar los monumentos arquitectónicos de la época ptolomea. Pharos dio origen a la palabra “faro” en la mayor parte de lenguas romances: castellano (faro), catalán (far), francés (phare), gallego (faro), italiano (faro), portugués (farol) y rumano (far); además de la lengua germana y el inglés, (pharos).