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Recopilaciones

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

El Éxodo es el segundo libro de la Biblia. Se trata de un texto tradicional que narra la esclavitud de los hebreos en el antiguo Egipto y su liberación a través de Moisés, quien los condujo hacia la Tierra Prometida. En el judaísmo, el libro del Éxodo forma parte del canon, encontrándose contenido en la Torá y formando uno de los cinco libros del Pentateuco, que forman la primera parte de la Biblia hebrea. En el cristianismo, el libro del Éxodo también forma parte del canon y se encuentra en el Antiguo Testamento. Éxodo proviene del latín exdus, y éste del griego éxodos, que significa “salida”. En el judaísmo, el texto tradicional es conocido en hebreo como Shemot, término cuyo significado literal es “nombres”. Es en la Septuaginta donde se le titula Éxodos. Al realizarse la traducción al latín, se adoptó dicho nombre, que fue entonces expresado como exdus. Las diferentes transformaciones en la grafía, necesarias según cada idioma, dieron lugar al término “Éxodo”. El principal propósito del Éxodo es mantener vivo en la memoria del pueblo hebreo el relato fundacional de dicho grupo como nación: a partir de la salida de Egipto -una vez libre y dirigiéndose hacia la Tierra Prometida- el pueblo israelita adquirió por primera vez conciencia de su unidad étnica, filosófica, religiosa y nacional, dado que el libro del Éxodo se refiere a la esclavitud de los hebreos en Egipto y la epopeya que condujo a liberarlos de tal condición, haciendo de ellos un grupo libre, con identidad nacional propia y a su vez provisto de Ley. Significativo en este contexto fue aquello que Moisés dijo al pueblo israelita: “Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Yahvé os ha sacado de aquí con mano fuerte, por tanto, no comeréis leudado. Vosotros salís hoy en el mes de Abib.7. Harás esta celebración en este mes. Siete días comerás pan sin leudar, y el séptimo día será fiesta para Yahvé. Por los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado, ni levadura […]. Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: ‘Se hace esto con motivo de lo que Yahvé hizo conmigo cuando me sacó de Egipto’. Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Yahvé esté en tu boca, por cuanto con mano fuerte te sacó Yahvé de Egipto. Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año en año.