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Recopilaciones

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

Las agencias de calificación de riesgos, agencias de clasificación de créditos, agencias de calificación o agencias de rating son empresas que, por cuenta de un cliente, califican unos determinados productos financieros o activos ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales (estados federados, etc.) Las calificadoras de riesgo son sociedades anónimas constituidas con el objetivo exclusivo de calificar valores mobiliarios y otros riesgos (bonos soberanos, empresas, etc.). Esta figura se introdujo en el mercado de capitales con el objetivo de facilitar la toma de decisiones por parte de los inversores. Las sociedades de calificación de riesgo tienen sus propios sistemas y metodologías de calificación, que debe ser aprobados por la comisión nacional de valores o ente similar. Por lo general todas usan un sistema estándar a nivel internacional. Así, un título calificado como “AAA” representa la máxima calidad crediticia y, en el otro extremo, una nota “D” representa a los títulos en situación de incumplimiento (default). Entre estos dos extremos, las calificaciones se dividen a su vez en dos sub-grupos o categorías: los títulos calificados desde AAA hasta BBB – se consideran “grado de inversión” o “investment grade”, en tanto los calificados entre BB y C son emisiones “grado especulativo” o “non investment grade”. Por último, se utiliza la letra E cuando la calificación no se puede emitir por falta de información, o la misma es insuficiente. Existen multitud de agencias de calificación, pero son tres las que realmente dominan el mercado: Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch. Una degradación del rating suele suponer una disminución de la confianza de los inversores y, por tanto, se traduce en un incremento de los costes financieros: es decir aumentará tanto la rentabilidad que exige el mercado para colocar una emisión de deuda como el interés a pagar en el caso de solicitar un crédito. Son muchas las voces que culpan a las calificadoras de riesgo en el estallido de la crisis subprime de 2008, ya que había multitudes de empresas financieras con la máxima calificación, las cuales estaban repletas de activos tóxicos. Un ejemplo es Lehman Brothers, que el mismo día de su quiebra tenía en su poder la mejor nota. Sus notas o calificaciones valoran el riesgo de impago y el deterioro de la solvencia del emisor. Para ello utilizan modelos econométricos en los que usan distintas variables como la deuda acumulada, la velocidad en devolverla, etc., que les sirven para valorar el potencial económico del sujeto analizado. Es decir, estos datos informan, por ejemplo, de si una inversión en un determinado producto financiero (letras del tesoro, bonos, acciones, etc) es arriesgada, analizando la posibilidad de que el inversor cobre los intereses y de que recupere el dinero una vez vendido el producto. Los inversores, emisores, bancos de inversión, intermediarios y Gobiernos son los que usan las valoraciones del riesgo de créditos. Para los inversores, las agencias de calificación de riesgos aumentan el abanico de alternativas de inversión y proporcionan medidas de riesgo relativo fáciles de usar. En general esto incrementa la eficiencia del mercado, al reducir los costes tanto para el que presta como el que toma prestado. A su vez, esto aumenta la disponibilidad total de capital riesgo, lo que conduce a un crecimiento más fuerte. Además esto abre los mercados de capitales a categorías de buscadores de préstamos que no podrían acceder a este mercado de otra manera, como gobiernos pequeños, empresas que empiezan, hospitales o universidades. Normalmente cuando una entidad (Gobierno, empresa, banco…) quiere emitir deuda o solicitar financiación, encarga a una agencia que la evalúe. Esta evaluación sirve a los inversores y prestatarios de orientación para marcar el tipo de interés al que concederían la financiación. Es por ello que en el mercado suelen coincidir los días en que los países solicitan deuda con los anuncios de calificación por parte de las agencias. La mayoría de las agencias de calificación de riesgos siguen uno de dos modelos de negocio. En sus orígenes, estas agencias se basaban en un modelo de negocio basado en suscriptores, en el cual las agencias no difunden sus calificaciones gratuitamente sino solo a los suscriptores de sus informes. Estas suscripciones suponían la mayor parte de los ingresos de estas agencias. Hoy en día la mayoría de las pequeñas agencias de calificación de riesgos se basan en este modelo de negocio, cuyos partidarios consideran que permite a las agencias publicar calificaciones que son menos probables de estar influenciadas por
determinados tipos de conflictos de interés.