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Recopilaciones

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

El origen y el significado de la palabra “Toronto” siguen siendo objeto de debate. La definición más común de la palabra dice que proviene de la palabra hurona toran-ten, que significa “lugar de encuentro”. Sin embargo, otros creen que el término en cuestión viene de la palabra mohawk tkaronto, que significa ‘donde los árboles se yerguen sobre el agua’, en referencia a las aguas del norte del actual lago Simcoe —en aquella época, los mohawk llamaban a este lago “lago Taronto”. Este litoral estaba conectado al litoral del lago Ontario por una carretera que llevaba hasta el río Humber y su desembocadura en el lago Ontario. A medida en que la carretera se usaba cada vez más, también lo hacía el término “Toronto”, pasando a usarse también para designar a un puesto comercial francés próximo a la desembocadura del río Humber. Parte de esta confusión se le puede atribuir a la sucesión de pueblos indígenas que vivieron en la zona a lo largo del siglo XVIII, que eran tribu salgonquinas o iroquesas —con la notable excepción de los mississaugas, parte de los chippewa (que son el origen del nombre de la segunda mayor ciudad del Área Metropolitana de Toronto, Mississauga, localizada inmediatamente al oeste de Toronto). Hasta el inicio de la colonización británica, no existían asentamientos permanentes en la región, aunque tanto los nativos como los franceses intentaron instalar asentamientos permanentes, que incluían la construcción de un pequeño fuerte próximo a la desembocadura del río Humber, actualmente enterrado bajo el suelo, donde se localiza la Canadian National Exhibition. Los británicos construyeron un fuerte y un asentamiento que llamaron “York”. En 1834 bautizaron oficialmente a la ciudad como “Toronto”. Los primeros europeos en explorar la región en la que actualmente se asienta Toronto fueron los franceses. De hecho, comerciantes franceses fundaron Fort Rouillé en 1750, pero lo abandonaron en 1759. Durante la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, la región recibió una afluencia de colonos británicos leales al Imperio británico que escapaban a tierras sin colonizar al norte del lago Ontario. Gracias a su puerto natural protegido, el asentamiento sirvió de base naval británica. En 1787, los británicos negociaron en Toronto la compra de Mississauga con un nuevo crédito, a fin de garantizar más de mil kilómetros cuadrados en el área de Toronto. En 1793, John Graves Simcoe estableció en la ciudad de York el actual asentamiento después de ser nombrado gobernador por el príncipe Federico, duque de York y Albany. Simcoe eligió la ciudad para sustituir a Newark como capital del Alto Canadá, creyendo que la nueva ubicación sería menos vulnerable a los ataques de los estadunidenses. Fort York se construyó en la entrada del puerto natural de la ciudad, protegido por una larga franja de arena. En 1813, como parte de la guerra de 1812, la Batalla de York se saldó con la captura de la ciudad y el saqueo de ésta por parte de las fuerzas estadunidenses. La entrega de la ciudad fue negociada por John Strachan. Los soldados estadunidenses destruyeron gran parte de Fort York y prendieron fuego a los edificios del parlamento durante los cinco días de la ocupación. York fue incorporada a la ciudad de Toronto el 6 de marzo de 1834, volviendo a ser nombrada con su nombre nativo original. La población entonces era de nueve mil habitantes, pero se excluyó del censo a los esclavos afroamericanos, a pesar de que la esclavitud fue abolida en el Alto Canadá en 1834. El político reformista William Lyon Mackenzie se convirtió en el primer alcalde de Toronto, y fracasó en el intento de rebelión que se produjo en 1837 por parte del Alto Canadá contra el gobierno colonial británico. La ciudad creció rápidamente durante el resto del siglo XIX como un importante destino de los inmigrantes que llegaban a Canadá. La primera gran afluencia de población se produjo con la Gran Hambruna irlandesa entre 1846 y1849, lo que llevó a un gran número de la diáspora irlandesa a la ciudad, algunos de ellos transitorios y la mayoría de ellos católicos. Para 1851, la población de origen irlandés se había convertido en el mayor grupo étnico de la ciudad. Un número menor de inmigrantes irlandeses protestantes fueron recibidos por la población escocesa e inglesa, dando lugar a la Orden de Orange de Toronto que contaba con una notable influencia en la sociedad.