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Recopilaciones | Carlos Durón García

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

Imagine una ciudad del futuro. ¿Qué ve?, ¿calles limpias, autos voladores y robots que hacen todo el trabajo? Tal vez, su visión es más distópica, con un régimen autoritario estilo Gran Hermano, callejones oscuros llenos de delincuencia y gente forzada a vivir en nichos herméticos porque la guerra o algún otro desastre han hecho que zonas enteras de la ciudad sean inhabitables. Nadie sabe realmente qué nos depara el futuro, pero la realidad ahora es que nuestros espacios urbanos están atestados de gente y contaminados. Casi la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades, y para el año 2050 se prevé que aumente a 75 por ciento, pero ¿en qué tipo de ciudad viviremos por entonces? Ha llegado el momento, dicen los expertos, de empezar a diseñar entornos urbanos más inteligentes. Las nuevas ciudades necesitan albergar a una población cada vez mayor y en las que vivimos ahora necesitan modernizarse. Si a las ciudades del pasado les dieron forma las personas, las ciudades del futuro serán configuradas por las ideas, y hay muchas que compiten acerca de cómo debería ser un espacio futurista. Algunas de ellas giran en torno a la idea de que la ciudad más inteligente es la más ecológica. Los expertos en sostenibilidad predicen ciudades “descarbonizadas”, llenas de vehículos eléctricos y sistemas de bicicletas compartidas, con una calidad en el aire tan mejorada que los trabajadores de las oficinas en realidad podrán abrir sus ventanas por primera vez. Las visiones de una ciudad verde a menudo incluyen rascacielos donde viviendas y espacio de oficina conviven con invernaderos flotantes o huertas en lo alto de los edificio. Trataríamos así de combinar la urbanización con una vuelta a nuestro pasado pastoral. “Las ciudades están llegando a un punto de quiebre”, dice el profesor David Gann, que encabeza el Laboratorio de Economía Digital del Imperial College de Londres. “Los atascos son cada vez peores, las filas más largas y las redes de transporte más propensas a retrasos. Las interrupciones de energía son cada vez más comunes”. La respuesta puede encontrarse en grandes volúmenes de datos y el llamado “internet de las cosas”, donde los objetos previamente simples, “tontos” se hacen inteligentes al estar conectados entre sí. Una red de sensores, continúa el argumento, ofrece una gran cantidad de información acerca de cómo una ciudad funciona. Esto permitirá que los sistemas se unan y, finalmente, poder trabajar más eficientemente. El internet de las cosas podría anunciar nuevos desarrollos que provocarán pesadillas en los expertos en privacidad, al estilo de las señales digitales de Minority Report, o vallas publicitarias que se comunicarían con los transeúntes con mensajes personalizados. Pero también podrá traer nuevos servicios inimaginables para los ciudadanos, piensa el profesor Gann. Las empresas de tecnología como Siemens, IBM, Intel y Cisco creen que las ciudades más inteligentes serán las que estén conectadas a la red. Actualmente, IBM cuenta con dos mil proyectos en curso en ciudades de todo el mundo, desde análisis de prevención de delitos en Portland, Oregón (EU) hasta bases de datos de agua en California, o sistemas de transporte inteligente público en Zhenjiang, China. Su proyecto estrella está en Río de Janeiro, donde se ha construido un centro de operaciones, que se presenta como “centro neurálgico” de la ciudad. Construido inicialmente para ayudar a lidiar con las inundaciones que periódicamente amenazan a la ciudad, en la actualidad coordina 30 agencias gubernamentales y proporciona aplicaciones móviles para mantener informados a los ciudadanos de posibles accidentes de tráfico y otras novedades de la ciudad. El término crowdsourcing en inglés hace referencia a la colaboración abierta al público en el desempeño de las tareas. El hecho de que las grandes corporaciones se estén involucrando tanto en el diseño de la infraestructura de la ciudad ha llevado a los críticos a preguntarse qué tan rápido una ciudad puede, como los sistemas informáticos en los que confiamos, volverse obsoleta. Saskia Sassen, copresidente del Comité de Pensamiento Global en la Universidad de Columbia, y experta en ciudades inteligentes, hace paralelismos con los edificios de oficinas de los años 60. Los describe como “lugares de techos bajos que ahora están tristemente vacíos después de que las tecnologías avanzadas los dejaran inservibles”.

PREGUNTAS:

¿Cómo se llaman los tres altares de la Catedral de México?

¿En qué ciudades fueron asesinados los hermanos Kennedy?

Respuestas del anterior:

R: El papa Sixto IV ordenó la construcción de la Capilla Sixtina.

R: A Ocho países pertenece la Selva Amazónica.

carlosdurongarcia@gmail.com

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