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Recopilaciones | Carlos Durón García

  • Recopilaciones: Carlos Durón García

Los misioneros utilizaron el teatro para catequizar a los antiguos mexicanos y desterrar así las prácticas religiosas anteriores. Las escenificaciones de la Pasión conmovían profundamente a los espectadores; así, el teatro de los evangelizadores actuó en favor de la cristianización. Del pasado llegan las voces que amalgaman en el presente una forma particular de sincretismo, donde las viejas costumbres, los componentes internos y externos del drama, se llenan de nuevos contenidos sin desalojar completamente a las anteriores. Iztapalapa, una de las 16 delegaciones que constituyen la Ciudad de México, ha sustituido sus canales, chinampas y trajineras con verduras y flores, por ejes viales y el Metro. Tiene en el Cerro de la Estrella, en sus templos, plazas y jardines de Ia cabecera, los espacios sagrados donde se escenifica cada año una de las representaciones rituales por excelencia. La coexistencia de Iztapalapa con la gran urbe no ha logrado borrar Ias viejas costumbres; sus habitantes renuevan sus lazos de amistad, de compadrazgo y vecindad, de pertenencia e identidad con el barrio y con Ia localidad en las distintas fiestas de su calendario, pero es en la Semana Santa cuando éstos aparecen con mayor fuerza. Los moradores de los ocho barrios: La Asunción, San Ignacio, Santa Bárbara, San Lucas, San Pablo, San Miguel, San Pedro y San José, conviven entre la modernidad y la tradición: los que mantienen un ancestral apego a la tierra y los que llegan y demandan un lugar donde vivir. Comparten una costumbre heredada de muchos años, un deseo de mantener la unidad, a través de la cooperación y el esfuerzo colectivo para representar, con gran realismo, la Pasión de Jesucristo en una fiesta que permite la reafirmación y Ia cohesión cultural de sus residentes. En los barrios se eligen a los mayordomos; éstos organizan las fiestas, entre ellas, la del Señor de La Cuevita; la de San Lucas -conocido popularmente como San Luquitas, patrono de Iztapalapa-, que se celebra el 18 de octubre, con feria, danzantes y a veces octava, y en diciembre la de la Virgen de Guadalupe. En los festejos dedicados a los santos de cada una de las ocho capillas, se levantan arcos de madera adornados con flores y semillas en las entradas de los atrios y de los templos. El Señor de la Cuevita eligió el pueblo, “ya no se quiso ir”; por esta razón le dedicaron un templo y le tienen especial devoción. En la tercera década del siglo pasado, una epidemia de cólera azotó a la población; la creencia popular atribuyó a la divina imagen el cese de la mortandad. En agradecimiento a tan prodigiosa intervención, se inicia la escenificación de la Pasión, con actores del pueblo, y año con año se repite hasta hoy. La ceremonia, fiesta y representación de la Semana Santa, vuelca lo popular hacia lo sagrado, en un hecho que es por un lado civil y por otro religioso. Las autoridades eclesiásticas apoyan estos actos masivos, aunque no los aceptan como totalmente litúrgicos; más bien “dejan hacer” al pueblo, que escenifica desde hace más de 150 años, Ia Pasión de Cristo. Los episodios más importantes tienen lugar el Domingo de Ramos con la Procesión y la Bendición de las Palmas; el Jueves Santo en el Jardín Cuitláhuac, y el Viernes Santo con la secuencia de la sentencia, los azotes, la coronación de espinas y el Vía Crucis que culmina en el Cerro de la Estrella con la crucifixión. Al conocerse los días en que va a caer la Semana Mayor, comienzan los preparativos y se selecciona a los protagonistas del drama, quienes inician los ensayos desde enero. EI comité organizador también tiene que ver con los escenarios y la coordinación de los movimientos de los personajes en los diferentes lugares donde hay representaciones. Asímismo, concerta con las autoridades de la Delegación la suspensión deI tráfico a determinadas horas en los días señalados, las calles por donde pasarán las procesiones, la seguridad de las multitudes que se concentran en las calles, las plazas y los jardines (donde además se establecen los puestos de comida, de antojitos, de diversiones, los juegos mecánicos, todo lo que conforma la feria). Los papeles ya no se heredan familiarmente como se hacía en otras épocas. Soldados romanos y judíos, integrantes del Sanedrín, vírgenes del pueblo, mujeres de Herodes, romanas, se eligen de entre los habitantes de los diferentes barrios. Los nazarenos son aquellos que por promesa, manda o voluntad propia, se imponen la carga de una cruz a lo largo de todo el trayecto del Víacrucis, atrás del Cristo. Los actores rivalizan por los papeles principales. Los criterios para seleccionar a los personajes son diversos, y los más estrictos son para designar a los actores principales: los apóstoles y la Virgen María. Cristo, por ejemplo, debe ser fuerte para soportar el recorrido cargando la cruz, soltero, originario de Iztapalapa, de familia cristiana, y poseer un físico que concuerde con la idea que la población tiene de Jesús. Él y otros personajes se dejan crecer el pelo y se lo tiñen. En torno a él gira toda la actividad ritual y la emotividad afectiva; al dar énfasis a los aspectos humanos de la divinidad, se fomenta la religiosidad popular.

PREGUNTAS:

¿En qué océano se encuentra la isla Guadalupe?

¿Quién fue el primer obispo de México?

Respuestas del anterior:

– R: Tiberio fue el sucesor de Octavio Augusto como emperador de Roma.

– R: Tres mil 600 segundos hay en una hora.

carlosdurongarcia@gmail.com