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Recopilaciones | Carlos Durón García

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Aunque numerosos historiadores aseguran que fue el barón Alexander von Humboldt, padre de la Geografía Moderna, quien acuñó el mote de la Ciudad de los Palacios para referirse a la Ciudad de México, el reconocido cronista Héctor de Mauleón ha dado a conocer que el primer registro documental de este sobrenombre, con el que se conoce internacionalmente a la capital de nuestro país, aparece en 1834 en una de las cartas del escritor y viajero inglés Charles Latrobe, que integran el libro “The Rambler in Mexico”. Se dice que Charles Latrobe, recorrió las calles de la Ciudad de México y tuvo la misma impresión que el capitán y conquistador Bernal Díaz del Castillo había tenido tres siglos atrás: sintió que estaba atravesando un sueño. Uno de los más bellos palacios de este sueño cristalizado en ciudad es el Palacio de Cobián, ubicado en la colonia Juárez en la esquina de la calle de Atenas y el Paseo de Bucareli, nombrado así en honor al virrey que lo construyó, Antonio María de Bucareli y Ursúa. El origen del Palacio de Cobián se remonta a 1902 cuando don Feliciano Cobián y Fernández del Valle, importante empresario algodonero y miembro de una destacada familia de banqueros, decide mudarse con su familia de la Comarca Lagunera, donde había amasado su fortuna, a la Ciudad de México adquiriendo para tales fines el predio donde hoy se encuentra el palacio. Cobián y Fernández del Valle es reconocido además como pilar del desarrollo urbano de la ciudad de Torreón, Coahuila, pues fue el responsable del fraccionamiento del oriente de la ciudad a finales del siglo XIX, donde de hecho, se mantiene una estatua en su honor. Feliciano desposó a su prima hermana, Rosalía y quiso darle la mejor residencia que estuviera a su alcance, así que adquirió el predio que antiguamente había albergado las oficinas y el depósito del ‘Tranvía de México, Tacubaya y Mixcoac’ y contrató al arquitecto Emilio Dondé para edificarla. Dondé, entre otras cosas, era famoso por haber diseñado y construido la iglesia neorrománica de San Felipe de Jesús, el primer santo mexicano, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Para fortuna de don Feliciano, el arq. Dondé construyó el Palacio de Cobián en tan solo ocho meses, ya que se aprovecharon fragmentos de la edificación preexistente, aparentemente de muy buena factura y cuyos sólidos cimientos resultaron sumamente útiles, permitiendo que la familia se instalara en su nueva residencia en noviembre de 1903. En general, la composición arquitectónica responde a un masivo ornamento “cintado” en los arcos de medio punto de la planta baja, así como un tratamiento más ligero y ornamentado en la planta noble, con fustes jónicos y los dinteles, cornisas y guirnaldas tradicionales; el pretil sustituye los tradicionales balaustres con redondeles ligados y en los remates aparecen jarrones cónicos. Los elementos más acertados de Dondé, son los portalones de acceso y los extensos miradores de la segunda planta; sobre los arcos de acceso, la ventana ostenta una elaborada talla en el antepecho y el remate de clave incluye dos complejos cartuchos enmarcados por veneras, roleos, follajes y guirnaldas de rosas, que de origen mostraban el monograma “FCF” de su propietario, Feliciano Cobián y Fernández del Valle. 

carlosdurongarcia@gmail.com

PREGUNTAS:

-¿Qué es la androfobia?

-¿Quién fue la madre del Rey Salomón?

Respuestas del anterior:

-R: Moctezuma fue el suegro de Cuauhtémoc.

-R: En Querétaro se promulgó la Constitución Mexicana en 1917.

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