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¿Recuerda al náufrago Salvador Alvarenga? / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Los Ángeles

Lo veo parado de frente al mar y acaso si caminando por la orilla de la playa mientras el agua fría del Océano Pacifico parece alcanzarle a ratos sobre los pies descalzos. Es el mismo hombre que hiciera titulares hace un año cuando llegara llevado por las corrientes hacia la desierta playa del Atolón de Ebon en las Islas Marshall y que estuviera perdido 14 meses en el mar.

Su odisea había comenzado en las costas de Chiapas y había terminado increíblemente en el mar, tal y como narra el libro “438 días” del autor norteamericano Jonathan Franklin y que esta semana saliera a la venta. Me encuentro con Salvador Alvarenga en Los Ángeles.

“Luego de que la tormenta nos dejara a la deriva sin motores y sin radios ni agua ni comida me doy cuenta que Ezequiel Córdova mi compañero de pesca ese viaje y yo, estábamos a la deriva. Se lo digo y comienza a llorar, pero lo calmo diciéndole que alguien nos va a encontrar, que el patrón seguro que mandó lanchas a buscarnos tal y como ha sucedido en otras ocasiones. Pasan los días y mientras más avanzamos me doy cuenta de que nadie sale por nosotros y que estamos perdidos”.

Le pregunto cómo sobrevivir sin comida ni agua.

“Durante un mes sin que lloviera tuvimos incluso que tomar nuestra orina, también sangre de las tortugas que cazaba. Como yo recogía las botellas que flotaban en el mar, cuando llovía las llenaba con agua y así pudimos sobrevivir. Por lo demás, cazaba pájaros, tortugas y los
comíamos”.

Jonathan Franklin, el autor del libro dice que Alvarenga tuvo la suerte de salir de Chiapas y continuar un poco al norte de la línea del ecuador, zona de lluvia profusa.

“La desgracia vino para Ezequiel el día que comió un pájaro que estaba envenenado con una serpiente que se había comido. Esto lo envenenó a él, pero se pudo recuperar, el problema fue que por miedo comenzó a dejar de comer, se debilito, y finalmente falleció. Tenía 23 años. Fue un golpe terrible para mí, que de pronto me vi solo totalmente en medio del mar. No tuve valor de lanzar su cuerpo al océano de día, tuve que hacerlo de noche. Habían pasado dos meses y medio, casi tres de habernos perdido en el mar”.

Encuentro al autor Jonathan Franklin en Nueva York en medio del lanzamiento del libro sobre la odisea y le pregunto lo que muchos quieren saber: si Salvador sobrevivió porque comió carne de Ezequiel.

“No. Y hay razones para apoyar lo que digo: cuando muere Ezequiel, ellos todavía tienen bastante comida que almacenan. No era un hombre muerto de hambre que está mirando a su compañero. No hizo eso, ni hay ninguna evidencia que apoye ese pensamiento. Por el contrario, él lo cuidó, le daba de comer cuando estaba más débil, le daba agua, siempre estuvo pendiente de él”.

Le pregunto a Salvador por su vida actual.

“Aún no tengo valor de entrar mar adentro, solo para mojarme los pies en la orilla. La primera vez que me bañé en regadera fue fuerte. Me dio miedo el agua, y ¿dormir? Tengo miedo a la oscuridad y duermo con la luz encendida.

Franklin añade más: “Salvador renació. Es un hombre que ahora quiere pasar su vida con su familia, ser un buen padre para su hija Fátima, y que es además un gran mensaje de vida, después que reconoció haber querido suicidarse en dos ocasiones y haberse arrepentido de eso, algo que cualquiera en su situación hubiera pensado. Es un Salvador que es aún mejor persona y que fue moldeado en el sufrimiento. Sin lugar a dudas”.

El mismo Alvarenga, personaje central de su historia: “438 días”.