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“Recuerdos”: la vejez en el mundo moderno

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Aveces, cuando una persona llega a una edad muy avanzada, sus familiares empiezan a tratarle como si hubiera regresado a la infancia: creen que ya no sabe lo que le conviene y “por su propio bien” toman las decisiones importantes por ella, sin detenerse a consultarla. Así sucede en “Recuerdos” (Francia, 2015), de Jean-Paul Rouve, adaptación de la novela de David Foenkinos. “Recuerdos” logró un gran éxito en Europa, y se estrenará el 25 de agosto en las salas mexicanas.

Otro de los temas centrales de “Recuerdos” es el vínculo entre las generaciones, dentro y fuera de la familia, especialmente entre una abuela y su nieto.

“Recuerdos” es una comedia dramática, lo que no se debe confundir con el melodrama: las anécdotas se apegan a la cotidianidad, sin villanos ni víctimas. En el melodrama suele haber personajes “buenos”, no pocas veces carentes de agudeza, y personajes malévolos, por lo general astutos, que provocan el sufrimiento de los buenos. En la comedia dramática lo que hay es un conjunto de seres humanos que tratan de arreglárselas para resolver los problemas que se les presentan. No resulta difícil identificarse con algún protagonista, o con varios de ellos, con sus rasgos naturalistas y sus fragilidades. El humor se deriva de esas características, tan humanas, lo que propicia la ironía y la reflexión.

La película tiene su principal protagonista en la señora Madeleine Esnard, muy bien interpretada por la legendaria cantante y actriz Annie Cordy. A sus 85 años, madame Esnard conserva intacta su lucidez y su sentido del humor, sin dárselas de sabia; su hijo Michel (Michel Blanc) acaba de llegar a la jubilación. De dientes para afuera se alegra porque “al fin podrá dedicarse a sus pasiones”. Solo que en realidad, Michel nunca ha tenido ninguna pasión, excepto su esposa Nathalie (Chantal Lauvry), una profesora que practica el yoga y que se siente aburrida por las rutinas de muchos años. Nathalie quisiera que su marido saliese de la apatía, que recuperase la gracia con que supo conquistarla en otro tiempo.

Entre tanto, la señora Madeleine ve cómo el mundo se altera cuando su marido fallece y sus hijos comienzan a tomar resoluciones acerca del futuro, con una vaga y molesta conciencia de que no actúan de la mejor manera.
LA ANCIANIDAD EN UN MUNDO  ESTRECHO

“Recuerdos” trae a la memoria “Regreso a Plenitud” (Estados Unidos, 1985), de Peter Masterson, una película que alguna vez transmitió la televisión pública mexicana. madame Snard, al igual que la señora Watts (Geraldine Page), emprende en la vejez el regreso a su pueblo natal, como un acto de independencia frente a una familia que le impide tomar sus propias decisiones, pero también como un viaje en el tiempo, hacia los orígenes, que la memoria idealiza. El contacto con el pasado revela los momentos que pudieron haber cambiado para bien el porvenir.

Sin embargo, las experiencias son muy divergentes: la dama texana se encontraba solamente los vestigios de aquello que conoció, y sin embargo, experimentaba la paz que buscaba al poderse adentrar en sus recuerdos. Aunque Plenitud llevaba muchos años en el abandono, la sola visión de sus desvencijadas casas y sus campos invadidos por la hierba, era para la señora Watts un reencuentro con la forma de vida que conoció en su niñez, y que le parecía mucho mejor que la aglomeración urbana, aunque la tierra fuese a menudo ingrata con los esfuerzos de los agricultores.

La anciana normanda halla su pueblo tan vivo como lo recordaba y tiene la oportunidad de vivir un encuentro con los niños que estudian en su vieja escuela, casi intacta pese a las décadas. Siempre aguda, sabe que su joven nieto Romain (Mathieu Spinosi) irá en su busca, no para devolverla al asilo, sino para compartir con ella el regreso al pueblo natal. Porque abuela y nieto son amigos y cómplices. Para ellos no hay ninguna “brecha generacional”.

El guión de “Regreso a Plenitud” fue candidato al Óscar, y Geraldine Page obtuvo la estatuilla como mejor actriz de 1985 por su papel, que consiguió expresar algunos de los conflictos que arrostran los ancianos en una sociedad que pretende protegerlos de ellos mismos. Mientras se libraba la Segunda Guerra Mundial, la señora Watts vivía con su hijo Ludie (John Heard) y su nuera Jessie Mae (Carlin Glynn), en un pequeño departamento urbano, en medio de continuas rencillas familiares. La señora Watts se pasaba los días evocando a Plenitud, Texas, su pueblo de origen, sus sembradíos, su arroyo y sus arboledas. Ante la prohibición familiar de emprender el viaje, la anciana resolvía por fin escaparse para ver por última vez Plenitud. En el camión conocía a la joven Thelma (Rebbecca de Mornay), esposa de un soldado que prestaba servicio en el frente europeo. La mutua simpatía y el diálogo entre ambas transformaban el trayecto por carretera en un viaje a través de sus vivencias.

En “Recuerdos”, Madame Snard evoca tangencialmente los días en que tuvo que abandonar Normandía con sus padres, a causa de la guerra. No habla mucho de aquellos días, pero el público puede entender que los ha evocado en silencio, antes de la llegada de Romain.
UNA GALERÍA DE PERSONAJES

“Recuerdos” es una película sobre los vínculos: los que se establecen desde la niñez, los que entran en crisis, los que se asoman a partir de un encuentro fortuito, sin que nadie pueda asegurar si llegarán a consolidarse.

El más importante, como ya se había mencionado, es que comparte la señora Madeleine Esnard con su nieto Romain. Es una relación mucho más cercana que la existente entre la anciana y su hijo Michel. No se trata de un fenómeno excepcional en las familias. La abuela y el nieto tienen más rasgos en común que la madre y el hijo. Incluso salen juntos para alguna travesura, que a la postre resulta afortunada.

El crítico José Vanaclocha elogia el trabajo de Michel Blanc y a Annie Cordy: “Han logrado alcanzar una gran naturalidad y autenticidad en sus interpretaciones, virtudes buscadas y apreciadas por Jean-Paul Rouve”.

Michel parece el arquetipo del hombre conformista: escucha música comercial, no sabe bien a bien cómo aprovechar el tiempo libre que le deja su jubilación y en vez de emprender la búsqueda de nuevas actividades, visita su antiguo centro de trabajo.

Todos los intérpretes siguen la misma línea contenida, incluso cuando sus personajes están representando un papel, como la directora de la casa de retiro (Audrey Lamy) quien da la bienvenida a los nuevos huéspedes con una sonrisa profesional, una cordialidad empalagosa y un optimismo histriónico.

Rouve, el director de la película, interpreta un pequeño papel: es el patrón de Romain y trata de animar al muchacho para que se resuelva a emprender su primera novela. Nunca se ve a Romain acometer algún borrador, pero se puede intuir que por el momento se dedica a vivir los encuentros con su abuela, y que posiblemente ella podría inspirarle para escribir un relato intimista.

La señora Madeleine llega a una crisis cuando fallece su esposo y ella comienza a vivir sola; una caída que no le ocasiona lesiones, convence a sus tres hijos de que ha llegado la hora de internar a la anciana en un “hermoso” asilo, donde la van a cuidar muy bien, va a conocer amigas y se va a divertir mucho jugando a las damas y al dominó.

Los tres hijos no dialogan con su madre en busca de alternativas, como pudiera ser contratar a una cuidadora profesional que la apoye en su propia casa. Ellos se ponen de acuerdo y luego le comunican la decisión a su madre, que no parece oponer resistencia, pero que íntimamente va trazando sus propios planes.

La película presenta una pequeña galería de personajes secundarios, que aportan pinceladas de ironía y motivos para reflexionar sin grandes pretensiones. Es el caso del aficionado a la pintura al óleo (Jaques Boudet); de Karim (William Lebghil), el amigo de Romain, que se cree experto en el arte de conquistar mujeres o del cajero del minisúper (Daniel Morin), quien resulta un agudo observador de sus semejantes.

Hay también conflictos aparentemente graves, que en un melodrama habrían desembocado en una crisis, pero que en esta comedia dramática se resuelven de manera humorística, con un toque de melancolía.

La crítica y el público recibieron muy bien a “Recuerdos” en Europa; la definen como una cinta muy disfrutable con personajes que se ganan la simpatía del público.