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Reforma Educativa/éxitos de saliva / Economía y Política / Miguel Ángel Ferrer

  • Miguel Ángel Ferrer

Observo un anuncio de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el que aparece una mujer joven, digamos de unos cuarenta años, que parece ser una maestra. Mira a la cámara y esboza una sonrisa amable. Tiene frente a sí, sobre una mesa de trabajo un libro o un cuaderno o un expediente. La imagen pretende dar la idea de que la retratada está leyendo o estudiando o consultando algo. Abajo a la izquierda aparece un breve texto: “La reforma educativa hoy comienza a dar resultados con mejores maestros”. Un poco más abajo, en letras de menor tamaño, un link o liga: www.gob.mx/evaluaciondocente

Con esa bonita imagen y con ese guebeliano microtexto, el licenciado Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública de Enrique Peña Nieto, pretende convencer al observador del éxito de sus esfuerzos en pro de una fantasmagórica Reforma Educativa que ya, rapidito, ha formado mejores maestros.

Nótese: antes de la reforma de Nuño los maestros eran buenos, pero ahora, tras unas cuantas semanas de trabajo, los maestros son mejores. Habrá quien diga, desde luego, que no son semanas, sino al menos casi medio sexenio de labores reformadoras. Pero tal afirmación sería una falsedad, porque el antecesor de Aurelio Nuño, Emilio Chuayffet, solo se dedicó durante ese trienio a la disipación y a la holganza, lo que condujo a su despido del alto y bien remunerado cargo.

Pero bueno: unas cuantas semanas o tres años, el balance es el mismo: una mal diseñada y accidentada evaluación de los profesores. Esa evaluación, desde luego, solo sería el primer paso en el propósito de hacer de buenos maestros mejores maestros. Luego, una vez sabiendo el nivel real de preparación de los buenos profesores, habría que diseñar programas, cursos, materiales y nuevas evaluaciones para, ahora sí, mejorar la buena preparación de los evaluados.

Sin embargo, el licenciado Nuño nos está diciendo que con su fantasiosa reforma ya tenemos mejores maestros. ¿Cómo le hizo? ¿Fue arte de magia? ¿O, como diría Cervantes, fue por arte de birlibirloque? ¿Se logra convertir a buenos maestros en mejores maestros nada más con una deficiente y accidentada evaluación? Si este es el caso, el licenciado Nuño no solo se merece trabajar en el escritorio que fue del brillante aunque muy reaccionario intelectual José Vasconcelos, del poeta Jaime Torres Bodet y del novelista Agustín Yáñez. Merece, además, ser Presidente de la República o secretario general de las Naciones Unidas, pues se trata de un hombre capaz de obrar maravillas (aunque solo sean de saliva).

¿Para qué elaborar programas de estudio y de capacitación? ¿Para qué molestarse en capacitar a buenos maestros si con una simple y mala evaluación se consigue tener mejores maestros? ¿Para qué gastar toneladas de billetes en diseñar programas y cursos de capacitación si el objetivo ya está conseguido?

¿Será capaz el licenciado Nuño de entender la flagrante contradicción de su mensaje publicitario o, mejor dicho, puramente propagandístico? ¿No tendrá en su nómina a algún buen asesor que pueda decirle: “señor: estamos haciendo puras tonterías”?

¿Será capaz el licenciado Nuño de aprobar la evaluación que de su trabajo está haciendo el licenciado Manlio Fabio Beltrones, presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), organización que deberá, por órdenes superiores, postular a Nuño candidato a la Presidencia de la República?

¿Creerá el licenciado Nuño que con pura saliva y tinta y no con trabajo y buenos resultados va a ganarse la candidatura presidencial?
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