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Reforma Energética: Del discurso oficial a la trágica realidad

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

¿Qué mueve a México? Lo que al resto del globo terráqueo: la energía, principalmente eléctrica y fosilífera. Eso y no otra cosa. Por ello sorprende cómo el halagüeño futuro que tanto ofrecieran los promotores de la Reforma Energética quedó en mera utopía. “Es que México está inmerso en la dinámica económica global mundial”, nos dirán. Sí, cierto, por lo mismo nunca se debieron implementar las condiciones de extrema disparidad para la nación mexicana con las que se instrumentó la reforma y que ya no podrán modificar. En cambio, que nos respondan sus corifeos, los de 2007 y 2014 ¿qué obtuvimos con ella? Pérdida de soberanía sobre nuestros recursos energéticos, catapultar la afectación irreversible del medioambiente, caída estrepitosa de los ingresos petroleros y ahora nuevos incrementos en los precios de la gasolina y energía eléctrica. ¿Para estos “logros” se perpetró también en 2009 la anticonstitucional extinción de Luz y Fuerza? Por lo pronto no esperemos que el titular de la Comisión Federal de Electricidad informe y justifique a la sociedad la reciente alza, por mucho que los legisladores se lo demanden. Su interés está enfocado hacia la contienda partidista para ocupar la presidencia del PRI.

Pero hay algo aún más grave: ¿cómo entender en este panorama las 10 razones que la Presidencia de la República sostuvo para “decir sí” a la reforma? Por ejemplo: “La Reforma Energética permitirá reducir los precios del gas natural y de la electricidad en el mediano plazo”; “las empresas privadas podrán producir gas natural en México, generando empleos”; “500 mil empleos adicionales en 2018”; “reducción de las facturas de luz y los precios de gas, a más tardar dos años después de la fecha de entrada en vigor de la legislación secundaria”; “incremento en la producción de petróleo, de 2.5 millones de barriles diarios en 2013, a 3 millones de barriles diarios en 2018”. De ello, ¿qué se hizo realidad? Y conste que estamos solo en la primera razón, porque más adelante anunciaba la séptima: “La Reforma Energética representa una gran oportunidad para todas las mexicanas y mexicanos que decidan ingresar a la industria petrolera. Se abrirán nuevas oportunidades laborales bien remuneradas”. ¿Qué ocurrió? Recorte masivo -que continuará en 2017- de 14 mil plazas en Pemex. Y qué decir de la última razón: “La Reforma Energética no está privatizando ninguna empresa ni bien público”. ¿Qué han hecho entonces las licitaciones de las Rondas 0, 1 y 2?

Lo deplorable es que de 2012 a 2016 las gasolinas magna y premium y el diésel se han elevado en un 29.34 por ciento, 33.97 por ciento y 31.77 por ciento, respectivamente. Por su parte, a pesar de la reducción (por lo visto absolutamente artificial) que tuvo la luz eléctrica en los últimos 18 meses, con la nueva alza del 5 por ciento en la tarifa industrial y 7 por ciento en la residencial respecto a 2015, será como siempre el consumidor el único afectado por la escalada generalizada de precios. ¿Es parte de la bonanza prometida? De ahí lo paradójico de que el Presidente de la República hubiera tuiteado en 2015: “Gracias a la Reforma Hacendaria, por 1era vez en 5 años, ya no habrá incrementos mensuales a los precios de la gasolina, diésel y gas LP” y seis años atrás el actual titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a su vez: “Y porque [sic] no en lugar de subsidiar autos nuevos de 250 mil pesos, mejor Calderón deja de subir la gasolina cada mes?”. Lamentablemente son este tipo de argumentos, antagónicos a una realidad cada vez más trágica, lo que enardece a la conciencia social. Así la Reforma Educativa
mientras no se actúe con verdad y por la nación, todo será estéril y nuestra debacle continuará.
bettyzanolli@gmail.com            @BettyZanolli