imagotipo

¿Regreso al paraíso? / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

La comunicación gubernamental nos inunda con buenas noticias: baja inflación, mejor seguridad pública con menos crímenes, más inversión extranjera en todo el país, más y mejor empleo. También aumento del turismo y de exportaciones, solución a deficiencias educativas y disminución de trámites burocráticos. Asegura haber roto inercias y eliminado barreras para desplegar nuestro potencial para ser una de las naciones más prósperas del mundo y de mayor bienestar para su gente.

Publicitan programas que cambiarán el rostro de México: una infraestructura carretera que hará palidecer lo construido hasta la fecha, una cruzada contra el hambre que erradicará este mal en los estratos más pobres del país y la creación de zonas económicas especiales para el sur del país para que pueda compartir los beneficios del desarrollo.

Nos hacen soñar con un país mejor cuando ofrecen, ahora sí atender al caso Ayotzinapa, que Acapulco será nuevamente un destino turístico por excelencia, que las gasolinas bajarán de precio, que las 13 Reformas de gran calado harán de México un país imparable. Que el peso se recuperará y que la caída del precio del petróleo se pudo más que compensar con el incremento de impuestos y por eso no se afectaron ni finanzas públicas ni programas.

Nos informaron que México participó activamente en las reuniones de alto nivel con importantes iniciativas que beneficiarán a México y al mundo: en el G20 (los países más desarrollados del mundo), en la Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) y sobre todo en la de Cambio Climático en París (COP21).

Con lo realizado en los pasados tres años, y con lo que realizarán los siguientes tres, harán de México una especie de Paraíso Terrenal donde todos seremos más felices y con menos preocupaciones. Todo muy bien, pero pareciera que están vendiendo esperanzas como la de administrar la abundancia que ofreció López Portillo en su momento y luego convirtió en devaluaciones sucesivas que arruinaron a la mayoría.

Las declaraciones gubernamentales tienen fundamento, pero no nos ofrecen una visión completa. Se ha construido mucho, pero se debe a constructores que no tienen conexiones o no están bien parados con los que deciden. Éstos siguen la consigna de los liberales del siglo XIX: “A los amigos, justicia y gracia; a los demás, justicia a secas”. Tampoco se informa si lo efectivamente pagado proviene solo de fondos recaudados y no de mayor endeudamiento que algún día habrá que pagar.

Endeudarse no es intrínsecamente malo, pero sí lo es sino se usa en inversiones productivas que tengan posibilidades de ser al menos recuperadas. Si se gasta en un puente o una carretera, aunque no se cobre peaje, es porque generará un volumen de comercio adicional que aumentará la producción y el consumo, así como los niveles de bienestar.

Pero si se endeuda solo para gastar, incluso en programas sociales, cuando llegue el momento de pagar es posible que la historia de devaluaciones se repita.

Todos deseamos una vida mejor, pero endeudarse para tenerla es contraproducente. Que el Gobierno construya, pero no hipoteque el futuro.
daaiadpd@hotmail.com