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Regulación de la marihuana ¿hará disminuir la criminalidad? / Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Convendría no perder de vista que nadie puede estar a favor de las drogas ni de la drogadicción, que el objetivo fundamental de la legalización de la marihuana no consiste tan solo en garantizar un elemental ámbito de libertad individual, donde el Estado ha demostrado una invencible ineptitud para intervenir punitivamente, permitiendo que los adultos que deseen intoxicarse lo hagan mientras no afecten a terceros, sino que conlleva también algo de mucha mayor trascendencia: evitar tanto más pérdidas de vidas humanas y aún mayor fortalecimiento del crimen organizado, como que se sigan corrompiendo nuestros ya demasiado descompuestos aparatos gubernamentales.

En este mismo espacio comentábamos, el lunes 23 de noviembre, que una de las principales objeciones de la población mexicana que se opone a la legalización regularizada de la marihuana radica en dudar que con ello se consiga reducir la criminalidad y el poder de la delincuencia organizada. Para efectos del corto plazo, no queda sino estar de acuerdo con esa percepción. El repudiable nivel actual de violencia y de poder de los cárteles del narcotráfico no se alcanzó instantáneamente; requirió décadas de desarrollo.

La estrategia prohibicionista los fue incubando a lo largo de mucho tiempo; los ha venido amamantando, alimentando, protegiendo, fomentando durante demasiados años, a través de los cuales la violencia, los asesinatos y el poder de los cárteles han venido aumentando hasta alcanzar los desmesurados niveles prevalecientes. Pero no solo han crecido bajo la tutela prohibicionista hasta alcanzar tallas alarmantes, sino que a lo largo de todo este periodo han podido obtener ganancias estratosféricas, sin paralelo con otros negocios, que constituyen un extraordinario impulsor de su impactante crecimiento.

Además, esas gigantescas ganancias, combinadas con el violento y mortífero poder desarrollado en forma paralela, se han convertido en el más eficiente instrumento para forjar sólidos vínculos de complicidad con cada vez más importantes niveles de autoridades gubernamentales. Con esa combinación de torrentes de dinero más el impune poder de violencia ilegítima se ha consolidado una sólida pinza que aprieta con enorme fuerza bajo un esquema de atractivo convencimiento con realista amenaza mortal. Bajo su muy probada “ley de plata o plomo”, ley que a diferencia de muchas gubernamentales, sí la ejecutan y la cumplen quienes ilegalmente la promulgan, ha generado efectos excepcionalmente destructivos entre nuestros ya de por sí corruptos aparatos gubernamentales.

Inhabilitar a los narcos mediante la regularizada legalización de la marihuana para impedir que sigan obteniendo buena parte de esas descomunales cantidades de dinero y poder, es una vía idónea para obtener resultados en el mediano y largo plazo. Si tuvieron que transcurrir muchas décadas para nutrir y desarrollar al hoy enorme monstruo, sería un despropósito pretender o demandar que mediante la regularizada legalización se consiga el efecto inmediato de minimizarlo o hacerlo desaparecer, pero así como la prolongada prohibición los ha venido nutriendo y fortaleciendo, la legalización los irá privando de sustento y debilitando.

Y algo más de suma importancia: irá minando su gran poder de corrupción de los aparatos gubernamentales con la complicidad de que hoy gozan. De ninguna forma es lo mismo orientar su actividad y la búsqueda de cuantiosas ganancias a un delito donde “la víctima” o comprador de droga es cómplice y no denunciante, que hacía delitos en los cuales la víctima es perjudicada absolutamente en contra de su voluntad, es más propensa a la denuncia y está decidida a combatir a quienes delinquieron en su contra.

Un genial estratega chino, el general Sun Tzu, quien vivió en el siglo V antes de Cristo y que a pesar de los cerca de dos mil 500 años transcurridos, sus sabios consejos plasmados en su inmortal obra “El arte de la guerra” siguen siendo difundidos y escuchados en pleno siglo XXI, exponía un valioso consejo que valdría mucho la pena seguir ahora. Sostenía que: “Doblegar al enemigo sin pelear con él es la virtud suprema”. El régimen EPN ¿sabrá colocarse en esa posición tan privilegiada o desperdiciará la oportunidad?

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

Aunque los cárteles del narco reorienten su actividad a peores crímenes, nunca encontrarán un camino tan cómodo como el de la marihuana.