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Reino del desdén de la élite republicana / Paul Krugman

  • Paul Krugman

“Sí, lo son, ¿o no?”.

Es un viejo chiste, pero parece de gran relevancia para la situación actual dentro del Partido Republicano. Conforme una enojada base rechaza a candidatos de la cúpula a favor de ya saben quién, una considerable parte de la élite no se culpa a sí misma, sino a las faltas morales y de carácter de los electores.

Se ha registrado mucha agitación en los últimos días con respecto a un artículo de Kevin Williamson en el National Review, defendido vigorosamente por otros miembros del personal de la revista, negando que la clase trabajadora de los blancos -”el núcleo del respaldo de Trump”- sea en sentido alguno la víctima de fuerzas externas. Mucho ha salido mal en las vidas de estos estadunidenses -”la dependencia a la asistencia social, la adicción a drogas y alcohol, la anarquía familiar”- pero “nadie les hizo esto. Ellos solos fracasaron”.

De acuerdo, solo estamos hablando de un par de escritores en una revista conservadora. Pero salta a la vista, si se ve los alrededores, que esta actitud es ampliamente compartida en la derecha. Cuando Mitt Romney habló sobre el 47 por ciento de los electores que nunca lo apoyarían porque ellos “creen que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidarlos”, él estaba siendo un conducto de una influyente variedad de pensamiento conservador. Lo mismo estuvo haciendo Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes de EU, cuando advirtió de una red de seguridad nacional que se convierte “en una hamaca que arrulla a personas con cuerpos capaces hasta caer en dependencia y complacencia”.

O consideremos la actitud hacia trabajadores estadunidense desplegada inadvertidamente por Eric Cantor, en esa época el líder de la mayoría en la cámara baja, cuando optó por marcar el Día del Trabajo con un comentario de Twitter celebrando a… dueños de negocios.

Entonces, ¿qué está ocurriendo aquí?

Ciertamente, el colapso social en la clase blanca trabajadora es un tema mortalmente serio… literalmente. El otoño pasado, los economistas Anne Case y Angus Deaton atrajeron amplia atención con un artículo en el cual se mostraba que la mortandad entre estadunidenses blancos de edad madura, que había estado declinando durante generaciones, empezó a subir de nuevo alrededor del 2000. Esta creciente tasa de mortandad reflejó principalmente suicidio, alcohol y sobredosis de drogas, notablemente opiáceos de prescripción. (Marx declaró que la religión era el opio del pueblo. Pero, en Estados Unidos del siglo XXI, todo parece indicar que los opiáceos son el opio del pueblo).

Además, otras señales de destrucción, desde el deterioro de salud hasta creciente aislamiento, también van en aumento entre blancos estadounidenses. Algo está yendo seriamente mal en el núcleo.

Lo que es más, los escritores de National Review hacen bien en vincular estos males sociales con el fenómeno Trump. Llámenlo muerte y El Donald: Análisis de resultados de elecciones primarias hasta ahora muestran que es probable ver a los condados con altas tasas de mortandad de blancos votando por Trump.

Sin embargo, la pregunta es por qué está pasando esto. Y el diagnóstico preferido por la élite republicana simplemente está equivocado; equivocado en una forma que nos ayuda a entender cómo esa élite perdió el control del proceso de nominación.

Reducida a su esencia, la perspectiva de la élite del Partido Republicano (GOP) es que la clase trabajadora de EU enfrenta una crisis, no de oportunidad sino de valores. Esto es, por alguna misteriosa razón, muchos de nuestros ciudadanos, en palabras de Ryan, han perdido “su voluntad y su incentivo para aprovechar al máximo sus vidas”. Y esta crisis de valores, sugieren, recibido la ayuda e incitación de programas sociales que facilitan demasiado la vida a los haraganes.

Los problemas con este diagnóstico deberían saltar a la vista. Decenas de millones de personas no sufren un colapso de valores por ninguna razón. Recuerden, el sociólogo William Julius Wilson argumentó varias décadas atrás que los males sociales de la comunidad negra de Estados Unidos no habían salido de la nada, sino eran el resultado de la desaparición de la oportunidad económica. Si él estaba en lo correcto, se habría esperado que el descenso de la oportunidad tuviera el mismo efecto sobre blancos y, claro, eso es exactamente lo que estamos viendo.

En el ínterin, el argumento en el sentido que la red de seguridad social causa deterioro social al mimar a holgazanes choca contra la dura verdad de que muchos otros países industrializados tienen una red de seguridad social más generosa que la nuestra, pero el aumento en la tasa de mortandad entre blancos maduros en EU es único: En todos los demás lugares, sigue con su declive histórico.

Sin embargo, la élite republicana no puede manejar la verdad. Está demasiado comprometida con una trama Ayn Rand sobre heroicos creadores de empleos versus gorrones para reconocer ya sea que la economía de filtración de la riqueza puede no lograr crear buenos empleos, o que la ayuda gubernamental a veces es un crucial salvavidas. Así que termina criticando con dureza a sus propios votantes cuando ellos se niegan a creer en esa trama.

Solo para dejarlo en claro, no estoy sugiriendo que Donald Trump tenga alguna idea mejor sobre lo que necesita el país; él solo está promoviendo otra fantasía, esta vez relacionada con el supuesto poder de la beligerancia. Sin embargo, al menos él está reconociendo los problemas reales que enfrentan el estadunidense común, no sermoneándolos sobre sus faltas morales. Y esa es una importante razón por la que está ganando.
© The New York Times 2016