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Renuncia al liderazgo

  • Eduardo Andrade

Dr. Eduardo Andrade Sánchez

Es decepcionante que el titular del Ejecutivo deje pasar la oportunidad de ejercer un verdadero liderazgo interno, e incluso con proyección internacional y parezca renunciar a conducir el sentimiento generalizado de la sociedad mexicana que quisiera ver una posición más firme frente a las burlas y agresiones de las que Trump constantemente hace objeto a México y a su Presidente. Hay un reclamo, casi unánime, de acciones concretas para contrarrestar las amenazas; diversificar la búsqueda de aliados; fortalecer el mercado interno substituyendo importaciones y otras medidas similares. Tales propuestas surgen de múltiples fuentes: expresiones que corren por las redes sociales; conversaciones en cafés y tertulias; pronunciamientos de políticos, empresarios e intelectuales de las más diversas tendencias incluso contrarias al Gobierno.

Pese a tan auténtica vocación de arropar el liderazgo de quien es aún reconocido como el jefe de la Nación, éste ha preferido, aparentemente por consejo de la Cancillería, replegarse, aguantar insultos, confiar en que Trump se va a compadecer de nosotros si somos complacientes y hasta dar la espalda a aliados naturales con los que públicamente había anunciado que se reuniría como son los países de Latinoamérica.

El lamentable resultado es una desilusión social, pues la base, no las cúpulas que aplauden en Los Pinos, percibe una conducción insegura, titubeante, pertinaz en su ilusa creencia de que se puede seguir apostando al TLC y al mito de la “integración” de Norteamérica, contra todas las evidencias provenientes de los twitazos del @POTUS que no se cansa de reírse de nosotros; un día nos llama “amigos” y al siguiente nos compara con terroristas palestinos; sostiene que pagaremos el muro aunque Peña diga que no; afirma que no respetamos a su país y nos aprovechamos de ellos; omite en su  comunicado oficial la alusión al compromiso de que ninguno de los dos mandatarios hablaría en público del muro o de cómo se costearía; pero lo peor aparece la versión de Los Pinos relativa al telefonema entre los Presidentes, en el cual admite la posibilidad de incluir el mentado pago dentro de una negociación integral.

Peña Nieto tiene la oportunidad de recuperar el terreno perdido en la estimación de sus conciudadanos y conducir a un pueblo dispuesto a que le ofrezcan “sangre, sudor y lágrimas” siempre y cuando sienta que su líder quiere encabezar un esfuerzo para que México finque su desarrollo en sus propias fuerzas, rechazando una dependencia que resulta oprobiosa. Pero el Gobierno ha elegido someterse y “negociar” con quien le ha dicho claramente que renuncie a beneficiarse del superávit comercial. Nuestros negociadores no entienden que hay que enfrentarlo, lo prueba el retroceso, así fuera mínimo, que tuvo que aceptar ante la presión ejercida internacionalmente contra sus medidas antimusulmanas.

Ya Slim dijo en su Oda a Trump de la semana pasada, que debemos seguir las lecciones trumpistas y endurecer nuestra posición si queremos que nos respete, y al tiempo que apoyaba formalmente al Presidente, exponía su queja por la injusticia de obligarlo a competir subsidiando empresas extranjeras por ese extraño juego de debilitar al poderoso local para que puedan golpearlo los foráneos, igual que hacen con Pemex; lo cual muestra quién es el que abusa. Empero, preferimos aguantar a ver si nos va menos mal, que luchar para intentar ganar. Elegir es cuestión de carácter. Falta ver si coincide el carácter nacional con el de sus
dirigentes.

 

eduardoandrade1948@gmail.com