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Repercusiones de un infructuoso endeudamiento público (II)

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Para tener una visión más completa sobre la evolución del monto total de la deuda, conviene tomar en consideración lo que se conoce como “Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público” (SHRFSP), que corresponde solo al ámbito federal, quedando así excluida la deuda de Estados, GobCdMx y municipios. La SHRFSP abarca la deuda ampliada y total, integrada por la deuda pública neta inscrita en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), pero también la correspondiente al Instituto de Protección al Ahorro Bancario (Ipab), que asumió la deuda del catastrófico Fobaproa, la deuda del Fondo Nacional de Infraestructura (Farac/Fonadin), la de los también catastróficos Pidiregas, así como la de los programas de apoyo a deudores y la pérdida esperada de la banca de desarrollo y de los fondos de fomento.

Es oportuno recordar que el presidente Felipe Calderón Hinojosa asumió su Gobierno en diciembre de 2006 con un SHRFSP de 3 billones 135,438.9 millones de pesos (mp), equivalentes al 28.8 por ciento del PIB, pero terminó su Gobierno en 2012, trepando dicho saldo a 5 billones 890,846.1 mp, equivalentes a 36.4 por ciento del PIB. Aunque durante 2007 y parte inicial del 2008 se esforzó por reducir el monto de la deuda, cuando le estalló la crisis financiera internacional, decidió optar por la estrategia keynesiana a fin de contrarrestar las tendencias recesivas y comenzó la gran escalada del endeudamiento.

El problema radicó en que, como ha sucedido en otros muchos países, fue un endeudamiento infructuoso. Aunque es cierto que en México tuvimos la adicional ventaja de disponer de precios muy elevados del petróleo hasta mediados de 2014, también padecemos deficiencias bastante más acentuadas que en otras latitudes en cuanto a la utilización de los créditos, pero a la postre no deja de ser notable el hecho de que la escalada mundial de endeudamiento a lo largo de 8 años, no ha logrado sacar a la economía planetaria de su prevaleciente estancamiento.

El régimen del presidente Enrique Peña Nieto (EPN) continuó el proceso de infructuoso endeudamiento, de manera que ha saltado del nivel de 36.4 por ciento del PIB en que recibió el SHRFSP al 47.8 por ciento al cerrar el primer trimestre de este año, con 8 billones 784,226.2 mp. Y se pronostica que al final del año haya rebasado ya el 50 por ciento del PIB. El grave problema estriba en que existe un brutal contraste entre el veloz ritmo de endeudamiento frente al precario ritmo de crecimiento.

El ritmo de crecimiento anual de la deuda a lo largo de 2013, 2014 y 2015 alcanzó siempre más del 10 por ciento, pero con un infructuoso impacto, ya que su ritmo de crecimiento resultó 5 veces mayor que el del incremento del PIB y del triple, respecto al de los ingresos públicos. En tales circunstancias es natural que se despierte alarma entre nuestros acreedores y las empresas calificadoras de riesgo reaccionen, poniendo en duda las expectativas de solvencia para liquidar nuestra galopante deuda, con lo cual se propician aumentos en las ya elevadas tasas de interés que nos son cobradas.

Se ha llegado a argumentar que nuestro nivel de endeudamiento es muy inferior al de varios países del mundo y, en efecto, nos encontramos con que Japón tiene una deuda que rebasa el 200 por ciento de su PIB y la de EUA sobrepasa el 100 por ciento de su PIB, y en general son múltiples los países que tienen una proporción de deuda muy superior a la nuestra, pero no todos tienen perspectivas tan negativas como las del Gobierno mexicano. Ocho años seguidos de creciente endeudamiento, derrochado en gasto corriente o invertido en proyectos estériles, han propiciado que enorme parte de la nueva deuda se destine solo a pagar los intereses de la antigua, de manera que la inversión pública disminuye cada vez más, mientras el estancamiento se consolida. Es urgente un radical enderezamiento de nuestro pervertido ejercicio del gasto público.

No quisiera dejar de mencionar que el miércoles murió uno de los grandes políticos del siglo XX. Han sido varios a quienes se les ha concedido el premio Nobel de la Paz más por conveniencia política o estratégica, que por verdaderos méritos acumulados. Shimon Peres fue uno de los auténticos constructores que, combatiendo con circunstancias muy adversas, se esforzaron por forjar una paz mundial.

amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

El recorte presupuestal: obligada respuesta a un ya insostenible nivel de deuda. Shimon Peres.