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Replanteando estrategias en América del Norte

  • Rosamaría Villarello

Rosamaría Villerello Reza

La reunión de trabajo que sostuvo el presidente Peña Nieto con su homólogo Barack Obama y la Cumbre de Líderes de América del Norte llevada a cabo en días previos en Canadá, cobran una dimensión diferente en función de los encuentros de otros momentos de las relaciones diplomáticas.

Se aprecia lo anterior por las condiciones de cada uno de los países de la zona, los personajes que hoy los gobiernan, pero sobre todo porque el panorama electoral de Estados Unidos los está condicionando a cambiar y a buscar anticiparse a lo que pudiera ocurrir en caso de ganar el candidato republicano; de hecho, ese fantasma tan visible también está obligando a replantear “nuevas” estrategias que deberán definirse desde ya de manera bilateral y trilateral México-Washington-Ottawa e inclusive con el probable triunfo de Clinton.

A ello hay que agregar que, con diferencia de dos escasos años (2017-2018), los mandatarios cambiarán, salvo Trudeau de Canadá; de ahí la importancia de dejar por sentado algunas bases para que las transiciones puedan tener lugar de manera menos convulsa ante los asuntos pendientes; varios de ellos tratados entre Peña y Obama y con una repercusión mayor para México.

Fue significativo que con diferencia de un día se haya dado el encuentro, aunque fuera del contexto de la Convención Republicana, para elegir formalmente a su candidato Trump, lo que creó especulaciones; aunque el mexicano enfatizó en referencia obligada el respeto del proceso electoral estadunidense, quien sea el futuro presidente y a mantener una postura institucional con el ganador o ganadora, sobre todo por ser Estados Unidos su socio principal.

Hay señales de alerta en todo el mundo por la nueva configuración del poder que se ha venido gestando de tiempo atrás; con la percepción del declive de Estados Unidos como potencia que se entrevera con nuevos actores en la escena internacional, pero particularmente cruzado con la implosión de la Unión Europea y por los problemas de sus sistemas económicos y financieros, pues hoy más que nunca se dan señales alarmantes en cuanto a de construir la conformación de bloques regionales.

Así es que mientras en la UE sus miembros se devanan inclusive en mantener o no sus políticas conjuntas en materia de migración por los tremendos actos de terrorismo, en América del Norte, a pesar de las asimetrías, se deberá buscar relanzar un conjunto de medidas para avanzar en lo que consideran sus asuntos y problemas comunes. Tal parece que estamos viviendo en tiempos diacrónicos y no habrá más que considerar otro “orden” mundial, que dependerá, sin duda alguna, de sus nuevos componentes.

De ahí que México deberá mantener un estrecho acercamiento con sus socios sea quien sea quien releve a Peña Nieto. Hoy es imprescindible y lo que se veía con desdén y desconfianza en aras del llamado nacionalismo, tendrá que cambiar para no ser sólo espectador es frente a la situación mundial. Y no queda de otra. Tiempos difíciles sobre todo ante tanta incertidumbre en el Norte.