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Represión para sostener dictadura venezolana

  • Alejo Martínez

Desde el 1 de abril hasta hoy, en forma continua a lo largo de ya casi tres meses, está sucediendo algo extraordinario, sin antecedentes tan impresionantes en el mundo: casi todos los días el oprimido pueblo de Venezuela se manifiesta en las calles contra la primitiva dictadura de Nicolás Maduro.

Es algo en verdad sorprendente la sobresaliente energía y desesperación que impulsan a enormes masas humanas a volcarse persistentemente a las calles para tratar de impedir la continuidad del avance de una dictadura que mantiene a la sociedad sujeta al hambre, a la inseguridad por abrumadora delincuencia y violencia, al temor de la creciente represión por las fuerzas gubernamentales, a la galopante inflación con recesión económica y privación de bienes de primera necesidad. Duele en especial el brutal y veloz desplome desde una relativa abundancia hasta una infamante carestía.

La dictadura chavista, que había logrado obtener la absoluta sumisión de las fundamentales instituciones del estado, resquebrajando las bases de una de las democracias más arraigadas de América Latina, sufrió un primer grave tropiezo, a raíz del acelerado deterioro de las condiciones de vida, al perder el control y la mayoría del Poder Legislativo. Sin ese esencial pilar la dictadura ya no estaba en posibilidad de seguir funcionando a su antojo.

Así que Maduro decidió recurrir al sumiso control que ejerce sobre el Poder Judicial a fin de lograr mantenerse aferrado a un poder que, habiendo perdido popularidad y legitimidad, se ha vuelto insostenible si no se recurre a medidas dictatoriales que le permitan permanecer al mando, aun en contra de una abrumadora mayoría abiertamente opositora.

Si bien ya existía una avasalladora inconformidad entre la sociedad venezolana, la indignación se agudizó hasta estallar, cuando la dictadura decidió deshacerse del Poder Legislativo que le estorbaba, aunque fuera recién electo por una creciente mayoría opositora y ordenó a su sumiso Tribunal Superior de Justicia que le despojara de sus facultades. Ante falta de legitimidad y progresiva debilidad el régimen chavista ha buscado apoyarse también en su elefantiásica burocracia.

Citemos aquí un significativo antecedente: poco tiempo después del intento de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002, estalló una huelga en la poderosa y crucial empresa paraestatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). En función de la gigantesca importancia de la producción petrolera, era una huelga que amenazaba la economía nacional y la propia presidencia bolivariana. El Teniente Coronel Chávez reaccionó con drástica fuerza y una vez que logró controlar y desmontar la huelga, “despidió a 18 mil trabajadores de PDVSA, muchos de ellos diestros técnicos y administradores y los reemplazó con unos 100 mil de sus partidarios”, según señalaron Max Fisher y Amanda Taub en el NYT.

Hoy un desesperado presidente Maduro quiere reclutar jóvenes inconformes convirtiéndolos en sus empleados en los ya excesivamente nutridos aparatos represivos: ordenó la inmediata contratación de 20 mil jóvenes para la Policía Nacional Bolivariana y 20 mil más para la Guardia Nacional Bolivariana, entronizando y fortaleciendo la represión como su fórmula de gobierno.

amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

Un desesperado presidente Maduro ordena contratar de inmediato 40 mil jóvenes para sus aparatos represivos.