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  • Benjamín González Roaro

Lecciones de la Contingencia Ambiental

En uno de mis más recientes artículos, señalaba que a pesar de los distintos reconocimientos internacionales en materia ambiental otorgados a la CDMX recientemente, al final los capitalinos estamos padeciendo las peores contingencias por contaminación atmosférica de los últimos años.

Por sí misma, la crisis ambiental ha demostrado que se trata de un problema muy serio; a riesgo de ser considerado un pesimista, no hay manera de que ésta se supere en el corto plazo.

Los costos que todos estamos pagando por vivir en la CDMX son muy altos; sin embargo, las lecciones que las recurrentes contingencias nos dejan son claras:

Primera. Las últimas semanas han sido fatales en términos de la calidad del aire y, salvo los problemas de salud que por ahora afectan directamente a niños y adultos mayores, no me cabe la menor duda de que las repercusiones más graves están por venir. Respirar diariamente tal cantidad de contaminantes necesariamente tendrá consecuencias para todos, sin importar la edad; ojalá que las autoridades lo dimensionaran desde esta perspectiva.

Segunda. El Gobierno federal y el de la Ciudad de México, hasta ahora no cuentan con un plan serio, integral y sólidamente estructurado que marque objetivos, acciones y metas para hacer frente a la contaminación atmosférica. El No Circula Obligatorio y el Doble No Circula, han demostrado que son un fracaso para evitar y/o superar las fases de contingencia.

Tercera. Diversos estudios, entre los que destacan los realizados por especialistas de la UNAM, demuestran que los automóviles no son la principal fuente de emisión de gases contaminantes. A pesar de esto y de manera inexplicable, los Gobiernos endurecen las restricciones contra los autos particulares que circulan en la zona metropolitana.

Cuarta. El Gobierno de la CDMX no ha tenido ni la determinación ni la voluntad para imponer restricciones a otros vehículos y automotores que de manera evidente emiten enormes cantidades de contaminantes. La tolerancia que se ha mostrado a estas fuentes de emisiones, al igual que a la actividad industrial, ha sido excesiva, irresponsable y selectiva.

Quinta. El Gobierno de la ciudad no cuenta ni con la capacidad, ni con la infraestructura suficiente y de calidad que permita compensar la dureza con que aplica el No Circula. La red de transporte público es limitada y recurrentemente es rebasada por una demanda ciudadana que padece y paga las consecuencias de esas deficiencias.

Sexta. Si la aplicación del No Circula obligatorio y el Doble No Circula han demostrado que por sí mismos no contribuyen a reducir los altos índices de contaminación, si durante muchos años nos habíamos olvidado de las contingencias, consumiendo gasolinas nacionales, ALGO CIERTO DEBE HABER EN EL TEMA DE LA CALIDAD DE LAS GASOLINAS IMPORTADAS QUE SE HA EVITADO DEBATIR.

Sexta. Probablemente, el eje que articula todas las lecciones antes descritas es el de la corrupción local y federal, que ha hecho posible pasar por encima de las frágiles normas y regulaciones. El costo ambiental de la corrupción es muy alto; de prevalecer ésta, cualquier medida que se implemente estará condenada al fracaso.

Estoy seguro que hay muchas lecciones más que compartir, pero me parece que éstas son las más recurrentes. Cada una exhibe un déficit por resolver; por ello, debemos superar la visión del corto plazo y la improvisación que no conducen a ninguna parte.

La única opción es trabajar en un programa de largo plazo, en una auténtica política pública de Estado, que vaya más allá de un periodo de Gobierno y, sobre todo, que garantice que el tema ambiental es una prioridad.