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  • Benjamín González Roaro

  • Benjamin González Roaro
  • Tecnologías digitales y calidad de la educación

Recientemente, la Unesco presentó el estudio “Tecnologías Digitales al Servicio de la Calidad Educativa”, en el que plantea la necesidad de fortalecer los vínculos entre el objetivo de mejorar la calidad de la educación y un mayor uso de las tecnologías, considerando el acelerado desarrollo que éstas han tenido en los últimos treinta años.

Como todos sabemos, hoy en día el acceso a todos los campos del conocimiento, así como el progreso y éxito del proceso educativo, no pueden concebirse separados del avance tecnológico que recorre todo el mundo.

Con toda razón, este organismo apunta que la creciente y masiva presencia que la tecnología tiene en nuestras vidas, debería reflejarse en las escuelas y en las aulas, sin embargo, también señala que esto no sucede debido a que pareciera que estamos atrapados en paradigmas tradicionales que retrasan su incorporación.

En lo personal, comparto la visión de la Unesco, pero también agregaría dos factores: la cuestión presupuestal y la ausencia de una estrategia de largo plazo en este tema.

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en el “Programa de Inclusión Digital”, a cargo de la SEP, que no solo fue sometido a una reducción presupuestal en el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2017, sino que además este mismo año cambió de nombre; anteriormente operaba como “Programa de Inclusión y Alfabetización Digital”, que conceptualmente tenía mayores alcances.

Con motivo del ajuste al Presupuesto destinado al “Programa de Inclusión Digital”, el titular de la SEP anunció, hace poco más de un mes, que para la primera quincena de octubre se daría a conocer un nuevo programa, el cual al momento de escribir esta columna se desconoce por completo. A esto me refiero cuando señalo la necesidad de contar con un plan sólido y de largo alcance, que debió ser formulado en los inicios de esta administración y no cuando faltan dos años para que concluya.

La verdad es que, en el tema de Tecnologías Digitales, avanzamos en sentido inverso a lo que sugiere la Unesco, para quien la razón principal por la que los países deciden invertir, radica en el progreso educativo, social y económico que buscan alcanzar.

Lo anterior explica que algunos países hayan desplegado iniciativas con el objetivo de mejorar su competitividad, preparando a los estudiantes para poder navegar de manera exitosa en un mercado laboral saturado de tecnología, que otros dieran prioridad a la igualdad de acceso a los recursos digitales y la reducción de la brecha digital, mientras que algunos más pusieron énfasis en mejorar la calidad de la educación mediante prácticas nuevas como el aprendizaje centrado en el estudiante, ayudado por la tecnología.

A pesar del avance de la tecnología, no podría quedar fuera el rol del maestro. Por ello, se plantea que es un error asumir que en la era digital la excelencia en la enseñanza dejará de ser importante y que los docentes serán fácilmente reemplazados por plataformas digitales con contenidos acordes a las necesidades de cada estudiante.

La Unesco considera que para tener buenos maestros, necesitamos desarrollar en ellos confianza en cómo usar las tecnologías, reforzando la capacitación en su uso pedagógico, sin olvidar que el desarrollo de competencias profesionales de los maestros debe complementarse “con un componente fuerte de acompañamiento personalizado al docente en el aula”.

Ojalá que no sea demasiado tarde para atender lo que nos comparte la Unesco. La tecnología tiene la capacidad de potenciar el éxito educativo de nuestros niños y jóvenes, de igual forma, constituye una valiosa herramienta para fortalecer la formación y actualización docente. La clave está en colocarla dentro de las prioridades de la agenda educativa.