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  • Benjamín González Roaro

  • Benjamín González Roaro
  • Empleos de mala Calidad

 

Hacia finales del año 2012, cuando se firmó el “Pacto Por México”, se estableció una meta de crecimiento por arriba del 5  por ciento. A casi cuatro años de distancia, las estimaciones periódicamente se ajustan a la baja; de acuerdo con el último reporte de la Secretaría de Hacienda, para el cierre de este 2016 las perspectivas se ubican entre 2.0 y 2.6 por ciento.

El panorama para el 2017 es poco alentador para la mayoría de los mexicanos. El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2017, prevé que la economía mexicana registre un crecimiento entre 2 y 3  por ciento. En la hipótesis de que esta última estimación se cumpla, no solo nos estaríamos alejando, cada vez más, de los objetivos económicos planteados al inicio de la presente administración, sino que también, las posibilidades para crear empleos de calidad serán bastante limitadas.

He querido contextualizar lo anterior, debido a que en estos días revisaba el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado “Realidades y Perspectivas. Pulso Social de América Latina y el Caribe 2016”, en cual se consignan datos interesantes que nos permiten dimensionar la situación del empleo en nuestro país.

El documento concluye que el empleo formal de los adultos de 25 a 64 años en la región analizada aumentó en promedio 36 por ciento en 2002 a 43 por ciento en 2014. México -al igual que Panamá y Guatemala- prácticamente no mostraron cambios. En mejor situación se encuentran países como Bolivia, Ecuador, Paraguay y Republica Dominicana, que registraron incrementos significativos, algunos de ellos de más del 50 por ciento.

Es de destacarse las experiencias de Chile, Costa Rica y Uruguay, en donde el 70 por ciento o más de los adultos cuentan con empleo formal; esto contrasta con el caso mexicano, en donde apenas el 35  por ciento de nuestros trabajadores se encuentra incorporado al mercado laboral, por lo que casi dos terceras partes se ubica en la informalidad o bien, no cuenta con una fuente de trabajo. No quisiera parecer pesimista, pero la verdad es que el país no está generando los empleos que realmente se necesitan.

Y mejor ni hablemos del tema de la “calidad” del empleo; específicamente me refiero a aspectos clave como un salario digno, estabilidad laboral y un entorno de trabajo aceptable.

Comento esto porque hace dos meses la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) colocó a México como el único país de América Latina donde el salario mínimo es menor a la línea de pobreza, esto significa que existen personas que aun trabajando tiempo completo seguirán siendo pobres.

Asimismo, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), recientemente reportó que México presenta una preocupante situación en materia laboral, ya que de 2007 a 2015 los salarios cayeron en promedio 1 por ciento.

La tendencia apunta a que la gran mayoría de las nuevas contrataciones se realizan ofreciendo de 1 a 2 salarios, luego siguen quienes perciben menos de un salario; desde luego, los trabajadores que buscan ganar más (de 2 a 5 salarios) están disminuyendo. Más empleos no implica necesariamente mejores ingresos para los trabajadores y, peor todavía, los patrones están contratando con sueldos muy bajos.

Vivimos un proceso de pauperización del empleo que, en un contexto de contracción económica y restricciones presupuestales, será muy difícil revertir.

El pasado junio, el Gobierno federal anunció que durante esta administración se han generado 2 millones 31 mil empleos, pero nada se dijo respecto al tema de la calidad de los mismos, que es lo que efectivamente contribuye a que los mexicanos puedan vivir mejor.