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  • Benjamín González Roaro

  • Benjamín González Roaro
  • Violencia contra mujeres

La violencia contra las mujeres se recrudece cada día. Tan solo a lo largo de este año hemos conocido de víctimas de violencia, acoso o agresión en el transporte público, en la calle a plena luz del día, una joven violada por cuatro tipos simplemente por diversión y otra que fue secuestrada y asesinada por el rumbo de Santa Fe después de abordar un taxi. Sin ir más lejos, hace unas semanas se dio a conocer la detención de un hombre de 20 años en la delegación Tlalpan, vinculado con al menos nueve violaciones.

Todos nos enteramos de estos hechos gracias a los medios de comunicación y las redes sociales. Pero no podemos dejar de señalar que, si la víctima resulta ser familiar o conocida de alguna persona con una presencia política, económica o social relevante, entonces la reacción de las autoridades es distinta y más o menos eficaz, pues el Gobierno tiene la presión de la opinión pública nacional e internacional sin embargo, el mayor número de casos queda en el anonimato, pues aquí la justicia depende de otros factores que se encuentran lejos del alcance de las víctimas.

Uno de los puntos que me interesa destacar es que, en el tema de la violencia contra las mujeres, el país tiene dos rostros y dos contextos: el México de quienes cuentan con relaciones, vínculos o recursos para hacer frente a su desgracia y el México de quienes están destinadas al olvido.

En medio de todo esto, el pasado 25 de noviembre en todo el mundo se celebró el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) expresa que esta fecha obedece a que la violencia contra las mujeres constituye una violación de los derechos humanos; es consecuencia de la discriminación que sufren; impide el avance en otros ámbitos como la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH/SIDA, la paz y la seguridad y, representa una pandemia global, pues hasta un 70 por ciento de ellas sufren violencia en su vida.

En México las condiciones son preocupantes. Para empezar, los datos más recientes que se tienen son del 2011 (INEGI), pero bueno, lo que importa destacar es que en ese año, 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más declaró haber padecido algún incidente de violencia por parte de su pareja o de cualquier otra u otras personas. Además, se calcula que en promedio, entre 2013 y 2014, cada día fueron asesinadas siete.

Las cifras son muy graves. No sin razón, la ONU coloca a México entre los 20 peores países en términos de violencia de género y la califica como una pandemia.

Organismos y agencias internacionales también han mostrado interés al respecto, particularmente en el tema de la violencia sexual. Se estima que en el país ocurre una violación cada 4.6 minutos -120 mil al año- y el 70 por ciento sucede dentro del mismo contexto social y familiar de las víctimas. De esa cifra, solo se registran 15 mil denuncias y no más de cuatro mil terminan en la consignación del culpable.

Las mujeres víctimas de violencia, particularmente aquellas que se encuentran en condiciones económicas, sociales y geográficas desfavorables, necesitan contar con todo el respaldo del Estado, desde una justicia honesta y transparente, orientación y cercanía en aspectos como prevención, apoyo médico y psicológico, hasta asesoría a los padres de las víctimas cuando son menores de edad y asistencia en todo el proceso de denuncia.

Los medios de comunicación y el periodismo de investigación tienen un papel relevante que desempeñar. Siempre será bueno conocer la consignación de los culpables de casos que se volvieron virales y noticia nacional, pero también ayudaría mucho más saber de otros tantos -la inmensa mayoría- en donde, por múltiples obstáculos, las mujeres quedan en el desamparo, con culpables sin castigo, en completa impunidad.

Mientras tanto, discursos y compromisos van y vienen pero todo permanece igual.

Con motivo de la Navidad y el Año Nuevo, a todos mis lectores les deseo que la dicha y la paz reinen en sus hogares, al lado de sus seres queridos.