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  • Benjamín González Roaro

Los mexicanos: infelices e irritados

Para cualquier Presidente electo a través de un sistema democrático e institucional no puede existir mayor fracaso cuando su credibilidad y desempeño no solo registran los niveles más bajos de aprobación, sino también cuando su sociedad se encuentra descontenta, irritada y es totalmente infeliz.

Este último término, el de la “infelicidad” y su medición es relativamente nuevo en todo el mundo, y para efectos prácticos se asocia con el “bienestar”. Como suele pasar en todo tipo de evaluaciones, los resultados siempre son contradictorios, pero, afortunadamente, la realidad se encarga de confrontar y desmentir.

De acuerdo a dos referentes, los mexicanos somos felices. El INEGI presentó en octubre de 2015 los resultados del primer estudio de “Bienestar Subjetivo”, que no es otra cosa más que una medición en torno al “nivel de satisfacción con la vida” en los adultos. Las conclusiones son difíciles de creer: en una escala de cero a 10, se reportó un nivel de satisfacción con la vida de 7.95 puntos.

Lo anterior significa que del total de 80.7 millones de adultos, 3.6 millones se consideran muy insatisfechos con su vida y 9.8 insatisfechos. En cambio, 32.5 millones son catalogados como satisfechos y 34.8 muy satisfechos.

Desde luego, estos resultados carecen de toda credibilidad. Sin embargo, el estudio referido no es el único que ofreció un panorama optimista de nuestra realidad. En marzo del año pasado, se dio a conocer el “Informe Mundial sobre la Felicidad 2016”, a través del cual no solo se buscó evaluar el progreso de las naciones, sino también, servir como referente para el diseño de la política gubernamental para un desarrollo sostenible.

De acuerdo a dicho Informe, de un total de 157 países evaluados, México aparece en el sitio 21 del ranking -nada mal si tomamos en cuenta que nos colocan por arriba del Reino Unido (23), Francia (32) y Japón (53)-. Entre los factores que son considerados, se encuentran: ingreso per cápita, apoyo social, salud, esperanza de vida y percepciones sobre la
corrupción.

Al inicio de este 2017, los hechos que se han venido registrando -muchos de ellos acumulados desde el año pasado- terminaron por echar abajo todas estas falacias que dichos estudios concluyeron. En estos días hemos visto la agudización de una crisis que lo mismo abarca el campo de la política, la economía y lo social, pero que en conjunto revelan la condición de una sociedad profundamente indignada e infeliz.

Sin lugar a dudas, el inicio de un nuevo año debería convocar al optimismo y a renovar el ánimo; sin embargo, ¿cómo podría conseguir esto la sociedad mexicana cuando el Gobierno se ha encargado de agraviarla en lo que más le afecta?, particularmente me refiero a sus niveles de vida y a su dignidad.

Pero lo peor de todo es que la sociedad está siendo víctima de los excesos de un Gobierno insensible, ineficaz e impopular, que carga con las percepciones más negativas en aspectos como corrupción, impunidad, confianza y combate a la inseguridad; sin dejar de considerar el pésimo manejo de la economía y la profunda desigualdad que cancela toda posibilidad de garantizar bienestar y oportunidades de desarrollo -llámese educación y salud de calidad, empleos y salarios dignos o alimentación y vivienda digna- a casi 57 millones de mexicanos que viven en pobreza.

Lo que hoy estamos viendo en diferentes partes del país es la expresión de una sociedad irritada e infeliz, que se resiste a pagar los costos de un pésimo Gobierno, obstinado en culpar a otros en lugar de asumir las consecuencias de sus propios errores.