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Resplandores

  • Benjamín González Roaro

Lo que en verdad se juega en las elecciones

Estamos a casi dos semanas de las elecciones del próximo 5 de junio; entre los mil 427 cargos de elección popular que están en disputa se encuentran 12 gubernaturas: Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

Más allá de la mera contienda electoral en la que, por cierto, partidos y candidatos se encuentran enfrascados en campañas de desprestigio y guerra sucia con tal de obtener la mayor cantidad de triunfos, me parece que lo mejor es poner atención en aquello que realmente importa: no me refiero al número de votos que ganará cada fuerza política, sino a los graves problemas que el conjunto de estos estados concentran y que afectan la vida de sus habitantes.

Por una parte, estamos hablando de que se trata de cinco de los estados más peligrosos y violentos: Chihuahua, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas y Veracruz. Gobiernos van y gobiernos vienen, pero los índices de homicidios, secuestros, desapariciones y presencia del crimen organizado siguen siendo los más altos de todo el país, apenas superados por Morelos y Guerrero.

Hasta ahora, en esas entidades nadie ha tenido la voluntad ni la capacidad para detener y revertir la creciente violencia registrada en los últimos meses y años. Para las familias, los hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos mayores y empresarios que habitan en estos estados debe ser decepcionante –Guerrero lo está padeciendo en este momento a pesar de que la administración del gobernador actual inició apenas hace siete meses–, constatar que en pocas semanas sus actuales gobernadores no solo dejarán el cargo, sino que también les heredarán un ambiente de incertidumbre, miedo e inseguridad, mucho más complejo que cuando iniciaron sus respectivas gestiones.

Por otra parte, está el tema de la pobreza. De esos 12 estados en donde se elegirán gobernadores, al menos la mitad de ellos se ubica dentro de las 10 entidades con mayor pobreza y desigualdad en todo el país: Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Hidalgo y Zacatecas.

Varios de estos estados han vivido la alternancia en las últimas elecciones –Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Zacatecas­; sin embargo, la llegada al poder de un nuevo partido político de ninguna manera se ha traducido en mejores condiciones de vida para sus habitantes en aspectos como salud y educación de calidad, alimentación, vivienda y servicios básicos.

Por lo tanto, me atrevo a plantear que lo importante de este 5 de junio no es qué partido y qué candidato gobernarán esas entidades; es más que evidente que cuando los problemas más urgentes no se atienden y en muchos casos se agravan, da lo mismo qué candidato encabece el Gobierno local.

Desde mi punto de vista, lo que realmente está en juego es el futuro, los sueños, la tranquilidad, la paz y las oportunidades de desarrollo y superación de los millones de mexicanos que ahí viven, que están cansados de que la pobreza y la violencia echen por tierra todas sus esperanzas.

En este caso, me pregunto si los partidos y sus candidatos verdaderamente son sensibles a esto que la gente padece todos los días, o se valen de su condición para ganar la elección, a como dé lugar, en aras de colocarse en una mejor posición para el 2018.

Cualquiera que sea su objetivo, no pueden ignorar que la verdadera lucha que tienen que dar es contra esa desgarradora pobreza y esa violencia imparable; antes del 2018, primero está la seguridad y el bienestar social de la sociedad.