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  • Benjamín González Roaro

  • Benjamín González Roaro
  • Las elecciones de la alternancia política

Ha concluido la realización de los procesos electorales de este 2016. Por sus repercusiones políticas, estas elecciones fueron asumidas como un antecedente de la elección presidencial del 2018; sin embargo, los resultados no solo superaron todos los pronósticos y expectativas, sino que también modificaron radicalmente el mapa políticoelectoral.

Hoy, tenemos una distribución política del poder local mucho más equilibrada y los partidos políticos cuentan con el pulso real de sus fortalezas y presencia a nivel nacional para los próximos años.

A mi juicio, el balance del proceso va más allá de ganadores y perdedores; la lección más importante se encuentra en el mensaje expresado por la sociedad. Ningún otro proceso electoral en el ámbito local había logrado reflejar de forma tan contundente la decisión de los ciudadanos por la alternancia política, esto es, capitalizar la oportunidad para que una nueva fuerza política los Gobierne.

De las 12 entidades en donde se eligió a un nuevo gobernador, 8 de éstas serán gobernadas por un partido político distinto. La alternancia a nivel local constituye un extraordinario reflejo de la funcionalidad de nuestra democracia; igualmente, es consecuencia de la determinación de los ciudadanos por sustituir a un determinado Gobierno que en seis años no logró entregarles los resultados esperados.

En mi último artículo señalaba yo que en estas elecciones se jugaba el destino inmediato de los Estados más peligrosos y violentos del país: Chihuahua, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas y Veracruz. No es una simple coincidencia que en todas estas entidades la sociedad haya optado por la alternancia. Al elegir a un candidato de un partido distinto al que gobernaba, la sociedad confirmó que, por ahora, su principal aspiración es vivir sin miedo y con tranquilidad.

La violencia y la inseguridad que se registran en esas entidades es de tal magnitud, que los ciudadanos eligieron un nuevo de rumbo, así de sencillo, su prioridad es vivir en un clima de paz.

El otro punto que anteriormente abordé fue el de la pobreza; esta situación igualmente motivó a que los ciudadanos modificaran sus preferencias electorales impulsando cambios en entidades muy significativas. Como ya se ha dicho, Oaxaca, Veracruz y Zacatecas, son de los estados con mayor atraso, marginación y desigualdad social, esto llevó a los ciudadanos a optar por la alternancia política.

Ojalá que a los actores políticos nacionales y locales les haya quedado claro que ningún partido tiene garantizada la continuidad política si antes no ha atendido las demandas más urgentes de la sociedad; todo esto, desde luego, logrado en un contexto de legalidad, transparencia y vigencia del Estado de Derecho.

No olvidemos que uno de los principales valores de la alternancia no solo radica en reemplazar al partido en el poder; es fundamental emprender un proceso de mo-dernización y fortalecimiento de las instituciones, para asegurar que su funcionamiento sea más eficaz, transparente y de calidad.

La alternancia no se agota con el cambio de las personas y partidos que ejercen el Gobierno, su contraparte se encuentra en la viabilidad de las políticas públicas, programas y acciones que se desplieguen para beneficiar y mejorar las condiciones de vida de toda la población.

La opción de la alternancia es la respuesta de una sociedad cansada de su situación, llámese pobreza, violencia, corrupción o impunidad.