imagotipo

El retorno del ofitapato / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Para apreciar la paupérrima actualidad informativa que vivimos, basta contemplar a las mejores mentes políticas y literarias – Hemingway definió el periodismo como “literatura bajo presión” – del país, ocuparse prácticamente de solo dos temas: Trump y el “Chapo”. Y es que en algo tienen que entretenerse, mientras revolotea sobre ellos, el fantasma de quien hemos decidido llamar “ofitapato”: contracción de “oficialismo”, “tapado” y “candidato”.

Porque en ese terreno, la política mexicana ha regresado a los buenos viejos tiempos, a los tiempos del destape del candidato presidencial priísta, que equivalía al nombramiento del próximo presidente. Hoy el ritual ha perdido el absolutismo – tanto en lo operativo como en lo filosófico – porque hay un elenco de actores por fuera del partido en el poder, que tienen también sus líneas de diálogo, pero que están impedidos, tanto por la Ley como por la circunstancia, de desarrollar una campaña en forma. Son, si puedo tomar prestado uno de los hallazgos más felices de mi hermano en las letras, don Miguel de Cervantes y Saavedra, Quijotes en espera de su molino.

(Esto no impide a los aspirantes oficialistas financiar por aquí y por allá, tímidos esfuerzos mediáticos, temerosos, por una parte de dejarles el campo libre a los discípulos de Fox, y recordando, por la otra, que su única gran victoria electoral en los últimos 15 años, ocurrió cuando el candidato priísta tuvo una presencia temprana y robusta en titulares, pantallas y bocinas. Pero todo es muy discreto, porque la parábola fotográfica sigue vigente).

Aun los más impacientes, reconocen que hasta pasadas las elecciones de junio no hay nada que hacer. Y quienes tenemos como vocación y oficio observar la res pública, tenemos que plegarnos a esta veda cuasi electoral, y escribir sobre política, pero sobre otra política. Afortunadamente, tenemos de nuestra parte a don Jesús Reyes Heroles, quien sentenció con razón como para parar un tren que todo es política: el dinero es política, información es política, Dios es político. Y ya puestos en ese camino, acaso, hasta se valdría rescribir la frase inmortal de don Vicente Guerrero, para que refleje la realidad de nuestros tiempos: la Patria es, primero, política.

Saber demasiado es peligroso, pero saber poco lo es más, por eso es importante seguir describiendo los mecanismos abiertos o cubiertos mediante los cuales se adquiere el poder político en México. El pleonasmo es voluntario. No ignoramos que el poder económico, el poder religioso, el poder fáctico, trasmutan con diabólica velocidad en poder político, pero aquí no nos estamos ocupando de momento en cómo se adquieren estos sucedáneos, sino de los elementos de los procesos electorales, en uno de los cuales se encuentra inmerso el país, y si nos asomamos al exterior, prácticamente todo el planeta.

Queremos disecar aquí, para edificación de las actuales generaciones, un par de fenómenos que son inherentes a los procesos electorales, y que por su ya indisimulable existencia, han cambiado su nombre a “cuartos de guerra”. Lo haremos tan pronto sea posible, Deo volente.
Buenos días. Buena suerte.
juegodepalabras1@yahoo.com / Sitio Web: juegodepalabras.mx