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Revolución transformadora / Graciela Ortiz González

  • Graciela Ortiz

La conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana de 1910 propicia una reflexión sobre lo que aquel movimiento de rebelión nacional significó para el México de ayer y de hoy.

En principio, la arenga de Francisco I. Madero en el libro, que es de hecho el acta de nacimiento de la Revolución, sacudió y despertó la conciencia de la nación, haciendo que recobrara la convicción de que tenía derechos políticos, cuyo ejercicio pleno era instrumento de transformación de la realidad que los ahogaba.

El presidente Díaz y sus más cercanos prefirieron tomar el camino del desdén al candidato opositor y de la persistencia en los métodos de la represión política y social para conservar el poder, creyendo que pasado el proceso electoral y aquietadas por la fuerza las inquietudes populares, todo volvería a ser como antes.

Por el contrario, todo cambió: la inquietud política se tornó en indignación popular y en revolución armada. En Chihuahua, Puebla, Coahuila y Sonora fue inmediata la respuesta a la convocatoria maderista para buscar, por la vía de las armas, el derrocamiento de Díaz.

Triunfa en Ciudad Juárez la breve rebelión, que apenas en seis meses derribó el edificio construido en los largos años del porfiriato; el país eligió, ahora sí en libertad, a Francisco I. Madero como presidente de la República.

Las fuerzas del antiguo régimen, embozadas en el nuevo Gobierno, asesinan al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, y creyendo que ahogarían así la Revolución, en realidad le dieron nueva vida y mayor fuerza.

Vuelve el pueblo a tomar las armas y se desata la larga lucha que termina con la huida de los restos del porfirismo y el triunfo de la corriente popular de la Revolución, que pugna por la transformación radical del país.

México, a partir de 1917, tiene nueva alma y distinto rostro. La nueva Constitución crea una fuerza transformadora en las leyes y en las formas de Gobierno, crea de hecho una visión renovada de lo que es México y lo que son los mexicanos. Nace con ella el nacionalismo revolucionario, que da paso a una renovada ideología política con sentido social.

Con la formación del PNR en 1929, se inicia el período de estabilidad de la Revolución Mexicana, convertida en corriente política mayoritaria unida alrededor de ideas, postulados y principios.

En un prolongado trecho histórico que comprende de hecho el resto del siglo XX, la estabilidad política conseguida por la vigencia sostenida del espíritu y el ideal revolucionario de 1910 trasformó a México, creó Instituciones, diseñó y modificó estructuras sociales para que fueran funcionales y benéficas para las mayorías populares de México.

En este siglo XXI, la nueva conformación de la sociedad mexicana, el fenómeno de la globalización, formas nuevas de participación política de la ciudadanía, el crecimiento y la distinta distribución de la población nacional, exigencias inéditas de los grupos populares para reivindicar derechos y demandar soluciones, conforman el panorama actual de nuestro país.

La Revolución Mexicana cambió y transformó a México y a los mexicanos, pero lo que seguimos teniendo quienes en la Revolución Mexicana asumimos nuestro origen político e ideológico, es la voluntad de transformación y modernización del país, la decisión de reformar para mejorar la vida de los mexicanos, la persistencia en trabajar por lograr una sociedad cada vez más justa, más democrática, más abierta, más cercana a lo que desea la mayoría de la nación.
* Senadora de la República por el Estado de Chihuahua, presidenta de la Comisión de Estudios Legislativos del Senado, LXIII Legislatura.

graciela.ortiz.glez@gog.org.mx

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