imagotipo

Rezar en San Pedro

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Hace algunos años visité la Basílica de San Pedro en Roma. La Ciudad del Vaticano es un concepto fascinante. Los acuerdos de Letrán de los años 20 delimitan las fronteras y el territorio de la Santa Sede y Roma. En ese sentido, el territorio vaticano corresponde a otro país, es sujeto de Derecho Internacional Público y tiene su lugar en el ámbito global. Pues bien, conociendo los diversos rincones de Roma, un buen día decidí subir a la cúpula de la Basílica (porque ya me habían advertido de la vista del lugar) y lo hice sin dudar. Al llegar al techo uno tiene que tomar otra serie de escaleras circulares para subir hasta lo más alto. Y después de hacerlo volví al nivel previo y lo que observé me sorprendió. Tras una de las estatuas de los apóstoles había una persona musulmana que estaba rezando. Había colocado su alfombra para la oración, justo tras la figura de uno de los apóstoles en el techo de la Basílica, y estaba sobre ella realizando el ruego.

La imagen no podía ser más poderosa: en el techo de la principal basílica del catolicismo –la Basílica de San Pedro– sede del “Obispo de Roma” (el Papa) y que representa el corazón de dicha religión, se encuentra un musulmán rezando, profesando su religión sin ser molestado por absolutamente nadie. Nadie le pidió que dejara de hacerlo, o le dijo que estaba mal. Encontró un lugar donde podía llevar a cabo sus obligaciones, y al mismo tiempo, fuera de la vista del público en general. La tolerancia por encima de todo; la diversidad, la paz y la inclusión entre las religiones. Los símbolos de unos y de otros respetados y honrados
por todos.

Yo no sé cuáles sean las reglas oficiales y las leyes del Estado de la Ciudad del Vaticano, pero lo que me queda muy claro es que todos los seres humanos y todas las religiones profesadas deberían tener algo en común: la tolerancia y la paz. Si somos capaces de convivir en paz unos con otros, sin importar credo o religión, entonces la humanidad tiene futuro. Todo cabemos en el mundo.

Pero cuando unos creen que los otros están mal, que el otro profesa la religión equivocada, cuando queremos excluir a los demás por la razón que sea (espiritual, social, política, económica, racial, étnica, nacional) entonces estamos en la ruta equivocada. Y tristemente esto es lo que ha predominado en los últimos meses en nuestras discusiones públicas e internacionales. Me gustaría ver un mundo más incluyente. Si el Gobierno de nuestro vecino del norte no es capaz de hacerlo, entonces México debe tomar el liderazgo moral y llevarlo a cabo. México es un país grande y generoso, lleno de alegría y de espíritu abierto. Debemos demostrar que nosotros, a diferencia de otros países, somos capaces de entender que tenemos diversidad y que todos merecen estar incluidos. Pero para hacerlo debemos predicar con el ejemplo; nosotros tenemos nuestros propios demonios que debemos combatir: la desigualdad económica, el clasismo que tanto nos aqueja, la discriminación que en muchos casos termina por dividirnos. Cuando un mexicano ataca a otro mexicano, no somos muy diferentes de aquello de lo que tanto nos quejamos. Si en cambio somos lo suficientemente incluyentes, reconocemos nuestras deficiencias y hacemos algo para remediarlo, tendremos lo que falta en el mundo: tolerancia y apertura. La respuesta está en nosotros.

@fedeling