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Robos en el aeropuerto / Federico Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México nos debería dar pena ajena. Es más, nos debería dar vergüenza como mexicanos, porque francamente muestra lo peor de nosotros. De manera rutinaria suelo utilizar el Aeropuerto Benito Juárez. Varias veces al mes, y particularmente la terminal internacional. Desde que me mudé a la ciudad de Washington, DC suelo viajar con regularidad a nuestro país por trabajo, y por ende, he podido apreciar aún más las graves deficiencias de las terminales aéreas. Incluso mucho más que cuando vivía en Durango o la Ciudad de México.

El Aeropuerto, entre otras cosas, es inseguro. Este es el principal problema. No son pocos los casos reportados de cambio de maletas provenientes de América del Sur, en donde se inculpa a personas que verdaderamente no tienen responsabilidad alguna y acaban sufriendo un infierno y un calvario para demostrar su inocencia. Es más, algunas de ellas siguen en la cárcel injustamente. Nada puede echarle a perder la vida a alguien más que esto. Pero además es inseguro en términos de robos en distintas modalidades. Leía en mi último viaje a territorio nacional, que los negocios colocados en el área de llegadas (Starbucks, Oxxo, etc.) de la Terminal Dos han sufrido constantes asaltos a mano armada en las madrugadas. ¿Cómo es posible que – supuestamente – siendo el aeropuerto un punto seguro, haya asaltos con violencia? Basta también recordar que hace no mucho tiempo hubo una balacera entre policías federales, quedando uno de ellos muerto en el área de comida rápida de la misma terminal en comento.

Pero por si esto fuera poco, también hay otro tipo de robos: aquellos que se hacen sustrayendo pertenencias de las maletas. Y traigo esto a cuento porque el día de ayer, mi maleta llegó sin algunos objetos de valor. ¿Por qué mi maleta llegó entreabierta y sin artículos que – si bien no son demasiado caros – no estaban ya allí? Me refiero a cosas simples, como un cargador de celular, un perfume y un fijador para el cabello. ¿Hice mal en colocar estos tres artículos al último, casi para cerrar la maleta, como incitando al crimen de quien le “echara un ojo al interior” de la misma? ¿Soy yo el tonto por ser ingenuo? Me rehúso a pensarlo.

Por último, los servicios que ofrece el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, como los sanitarios, son deplorables, sucios y malolientes. Es la peor cara que puede tener la terminal, no importa si es la Uno o la Dos – ambas están “para llorar”. Y yo me pregunto: ¿qué pensará un turista cuando llega a la ciudad, y su maleta llega sin artículos de valor, cuando un policía los detiene sin causa justificada, cuando tiene que entrar a los baños malolientes y cuando tiene que abordar el avión en medio de un túnel improvisado con una carpa que parece de circo y el vuelo, además, está retrasado?

Urge que la Ciudad de México cuente con un nuevo aeropuerto. Nos urge. Pero estoy seguro que de nada va a servir si no cambiamos y corregimos algunas cosas de fondo. Me refiero a nuestra cultura de la legalidad, de la higiene, de la honestidad. Por más que se construya una nueva terminal que ofrezca mejores servicios, mayor puntualidad y más eficiencia, no servirá de nada si persisten los robos a las maletas, la inseguridad para los negocios, los baños poco limpios, el maltrato para quienes llegan de otros países, etc. ¿Cómo pretendemos que México tenga una mejor cara, si lo primero que vemos al llegar es esto?
www.federicoling.com y @fedeling
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información