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Rumbo al Oscar 3. El silencio de las grandes ignoradas

  • La moviola/ Gerardo Gil

El silencio de la Academia puede ser en ocasiones devastador. En perspectiva, más para el premio Oscar, que para quien es ignorado. Lo anterior viene a cuento porque este 2017 La La Land tiene 14 nominaciones y es la favorita de la entrega. Aunque hubo filmes que uno hubiera apostado –así lo dictaba el canon- irían en por lo menos dos de las principales categorías: película y dirección.

La lista de ignorados por la Academia es larga. Son obras que sin embargo tienen un incuestionable valor. Para demostrar lo anterior, basta poner un par de ejemplos: Luces de la Ciudad (Charles Chaplin,1931), ocupa el puesto número 11 entre los 100 mejores filmes del American Film Institute. Ese año, el premio a Mejor Película se lo llevó el western Cimarrón (Wesley Ruggles, 1931), el de Mejor Dirección le fue otorgado a Skkipy (Norman Taurog, 1931). De los amores entre el vagabundo y la florista ciega el tiempo se encargaría de hacer justicia. El largometraje no tuvo una
sola nominación.

Muchos años después, Reservoir Dogs (Perros de Reserva, Quentin Tarantino, 1992) fue ignorada en las nominaciones que correspondieron a la entrega del Oscar, llevada a cabo el 29 de marzo de 1993. Como Mejor Película ganó Unforgiven (Los imperdonables, Clint Eastwood,1992), otorgándole también el de Mejor Dirección. Si bien es cierto que el western de Eastwood no es cosa menor, por decir lo menos, el tiempo también ha ubicado a Perros de Reserva en un excelente lugar dentro de la memoria fílmica mundial.

Este año, llama la atención que Silence (Martin Scorsese, 2016) tenga tan solo una nominación. Muy importante, si lo vemos desde una coyuntura social en nuestro país: el de Mejor Fotografía, para el mexicano Rodrigo Prieto. Aunque en todas las demás ternas el filme haya sido olímpicamente ignorado.

Cabe añadir, que más allá de cualquier tipo de lectura con relación a la nominación de Prieto, su trabajo resulta de una fuerza y belleza poética incuestionable y dicho sea de paso, tiene grandes posibilidades
de ganar. Silence narra la travesía, física y cultural, de dos misioneros portugueses jesuitas, los padres Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) quienes en 1640, se adentraron en Japón para llevar la religión católica a esas regiones y averiguar qué sucedió con el que fuera líder de su congregación: Cristóvão Ferreira (Liam Neeson), desaparecido tiempo atrás.

En medio de persecuciones por parte del alcalde del pueblo en una aldea y quien además es el inquisidor, los misioneros se enfrentarán a una cultura totalmente desconocida. Y ese es el punto principal en el filme de Scorsese. En una primera lectura, resulta una película religiosa, pero el verdadero leivmotiv, es la dificultad de unir a dos mundos diametralmente opuestas. Los personajes protagónicos, con su virtuosismo martirológico, nunca logran –o no quieren comprender- lo que ven siempre a distancia.

Scorsese, jamás niega su visión religiosa, pero el juego y lo que hace interesante este filme, es el retrato de la dificultad de entender una cultura ajena. En una escena, El padre Rodrigues tiene mucha hambre luego de que no ha comido en varios días y después de probar un alimento que le ofrece un campesino converso, lo rechaza. No hay virtuosismo que aguante la ceguera de no querer
ver al otro.

Con una narrativa y ritmo diferente a lo que nos tiene acostumbrado Scorsese, este filme resulta mucho más profundo que los estereotipos cinematográficos mafiosos que tanto gustan a Hollywood. En el fondo es más Huntington y su choque de civilizaciones, que el catecismo del Padre Ripalda. Aunque el director, al final,
reivindique el género religioso.

Lo fácil, es equipararlo con La Última Tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, 1988) pero eso sería quedarse con lo cosmético. El asunto de fondo es
la cultura.

La próxima semana mis apuestas…