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Rusia recuperó poder militar tras caída de la URSS

  • Carlos Siula

Carlos Siula / El Sol de México

Corresponsal

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- El conflicto de Siria confirma que Vladimir Putin está lanzado a una carrera armamentista vertiginosa y que la industria militar rusa -prácticamente diezmada después de la caída de la URSS- fue reconstruida, modernizada y trabaja a un ritmo febril para producir material bélico de alta tecnología.

Desde que decidió intervenir en el conflicto sirio para apoyar al régimen de Hafez el Assad, la panoplia desplegada por el Kremlin en los combates contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) contiene un doble mensaje. Por un lado parece destinada a mostrar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el poderío renovado del exEjército Rojo. Por otra parte, el conflicto constituye una vitrina comercial de primera importancia para exhibir la eficiencia de las armas rusas, capaces de rivalizar con la producción occidental.

Luego de perder la mitad de sus ingresos por exportaciones de petróleo, debido a la caída de precios en el último año y medio, Rusia se esfuerza ahora en estimular sus ventas de armas al exterior. En ese sector que maneja cifras millonarias, Estados Unidos monopolizó 31 por ciento del mercado en el periodo 2010-2014, según el instituto SIPRI de Estocolmo, seguido por Rusia con 27 por ciento.

El diario Nezavisimaya Gazeta reconoció a fines de octubre que Moscú intenta imprimir un fuerte impulso a sus exportaciones de armas, que en 2014 representaron 13 mil millones de dólares, una sensible reducción en relación a los 15 mil 700 millones que había alcanzado en 2013. Para 2015, la cartera de pedidos de las fabricas rusas totaliza 48 mil millones y los organismos de exportación esperan poder llevar hasta unos 50 mil millones.

Esas cifras confirman la resurrección del complejo militar-industrial ruso. “En la actualidad (la industria bélica) alcanzó el potencial que tenía en los años soviéticos”, declaró en marzo Alexandre Brindikov, vocero de la exportadora estatal de armamento Rosoboronexport.

La modernización de las fuerzas armadas rusas es una de las políticas que cuentan con mayores recursos por parte del Kremlin. En 2015, el presupuesto de defensa totalizó 56 mil millones de dólares. Gran parte de esos recursos están destinados a renovar la vieja panoplia heredada de la exURSS. “En 2016, las armas modernas representarán más del 52 por ciento del total del arsenal ruso”, afirmó hace pocos días el viceministro de Defensa, Yuri Borisov.

El Kremlin realizó una primera demostración de fuerza en el desfile militar organizado el 9 de mayo en la Plaza Roja para celebrar la victoria contra el nazismo en 1945. Mientras que el resto de Europa aprovechó el 70° aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial para enviar mensajes pacifistas y recordar los riesgos que presenta la demencia bélica de un dictador como Adolfo Hitler, Rusia fue el único país que recordó la capitulación del nazismo con un desfile digno de los momentos más tensos de la guerra fría.

Detrás de un intimidante contingente de 16 mil soldados de infantería, paracaidistas y fuerzas de élite, Putin hizo desfilar baterías de misiles balísticos intercontinentales de casi 50 toneladas y el nuevo tanque Armata T-14, definido como el blindado más poderoso del mundo. Todas esas armas están reservadas, en principio, a un conflicto entre grandes potencias. Pero ahora en Siria, Vladimir Putin tuvo la ocasión soñada de mostrar en situación de combate real una nueva panoplia adaptada a las necesidades -o ambiciones- de las potencias intermedias y los países del Tercer Mundo.

El producto más exitoso de ese catálogo es probablemente el caza Sukhoi, cuyas exportaciones podrían llegar a 242 unidades en el periodo 2011-2018, según el estudio “Análisis del mercado mundial de material aeronáutico militar”, realizado por el Centro de Análisis del Comercio Mundial de Armas (CACMA) que depende de la Universidad de las Fuerzas Armadas de Rusia.

En el periodo 2011-2014, Sukhoi ocupó el primer puesto con 139 aparatos, mientras que Lockheed Martin vendió 89 cazas al exterior y Boeing 60. Esos datos inducen a confusión porque comparan cifras de producción con estadísticas de exportaciones. La gran diferencia a favor de las empresas norteamericanas es que la mayor parte de su producción está destinada al mercado interno.

En Siria, los ataques que comenzaron el 30 de septiembre contra los yihadistas se realizan con medio centenar de aviones Su-24M, Su-25 y los nuevos Su-34 polivalentes.

El 24 de noviembre, Rusia perdió un Su-24M que fue derribado por dos cazas turcos F-16 en un controvertido incidente aéreo ocurrido sobre la frontera entre Siria y Turquía. Ese duelo tuvo una enorme importancia simbólica porque fue la primera vez que las fuerzas armadas de un país miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) derriba a un avión ruso o soviético desde los años 1950. A juicio de los expertos, sin embargo, el resultado no prejuzga el valor técnico de los aviones ni de los pilotos, pues no se trató de un enfrentamiento, sino de un derribo tras una presunta violación del espacio aéreo.

Con un ritmo de 30 a 60 misiones diarias, los cazabombarderos rusos han convertido a Siria en un showroom de su tecnología aérea.

El otro avión que está demostrando su valor en Siria es el Tupolev (Tu-160), un bombardero estratégico supersónico desarrollado en las décadas de los 70 y 80, que posee un sistema de alas de incidencia variable que le permite elegir un régimen óptimo de vuelo y ahorrar combustible. Putin utilizó esos aparatos para bombardear la ciudad de Raqqa en represalia por el atentado terrorista contra un avión de la empresa rusa Metrojet.

En uno de esos diluvios de bombas contra la “capital” del grupo Estado Islámico (EI), el Tu-160 experimentó el lanzamiento de misiles de crucero aire-tierra.

Los misiles parece constituir la principal preocupación de los rusos para experimentar sus proyectiles de última tecnología y, de paso, publicitar los productos exitosos para dinamizar sus ventas.

A principios de octubre, las flamantes fragatas “Grad Sviyazhsk”, “Uglich” “Velikiy Ustyug” y “Daguestán”, desplegadas en el mar Caspio, dispararon 26 misiles Kalibr-NK de mil 500 kilómetros de alcance contra objetivos del Estado Islámico (EI) en Siria. Esa experiencia revestía particular importancia porque se trata de la “primera utilización de esos proyectiles en combate real”, explicó el ministerio de Defensa. Los Kalibr están considerados como la versión rusa de los misiles de crucero norteamericanos Tomahawk. “Pero el sistema ruso es más reciente, comprende una gama más variada, incluyendo versiones supersónicas y el Kalibr-PL, que equipa el submarino nuclear “K-560 Severodvinsk”. Además tienen mayor alcance que los Tomahawk, pues su radio de acción oscila entre 350 y 2 mil 600 kilómetros”, según el ministerio de Defensa.

La experiencia del 8 de diciembre fue más ambiciosa. Por primera vez, Rusia atacó posiciones terroristas en Raqqa utilizando misiles de crucero Kalibr disparados desde el submarino “Rostov del Don” desplegado en el Mediterráneo Oriental, anunció el ministro de Defensa, Serguei Choigou.

De esa forma completó todas las configuraciones posible de un misil que Rosoboronexport espera convertir en una arma disuasiva de primer orden. Para Putin, el objetivo de esta nueva prueba era realizar una exhibición de musculatura en dirección a Turquía.

Los misiles Kalibr pueden ser “dotados de cabezas nucleares”, comentó el líder ruso. “Es una nueva arma de gran precisión y eficacia”, comentó. “Por supuesto no es necesaria para luchar contra los terroristas y yo espero que no tendremos necesidad de utilizarla”, comentó en tono calmo, pero con la mirada puesta en sus adversarios.

La otra estrella del catálogo es el nuevo tanque ruso T-90MS, que tiene las “mejores características en el mundo”, según el vicedirector general de la exportadora rusa de armas Rosoboronexport, Serguei Goreslavski, durante la exposición Gulf Defence & Aerospace, realizada del 8 al 10 de diciembre en Kuwait. Rosoboronexport ya exportó 180 unidades de ese modelo a Argelia, más de 500 a la India y firmó un contrato por 150 unidades con Arabia Saudita. Ahora, después de exhibirlo en Siria, espera seducir a Irán y a la clientela asiática.

Entre comercio y estrategia, Rusia consiguió impresionar a los expertos occidentales.

“Con su capacidad para movilizar 766 mil hombres, con el mayor arsenal de tanques (15 mil 398) que cualquier otra nación y tercero en el mundo por la cantidad de tropas aerotransportadas, Rusia mantiene el poderío que caracterizaba a la anterior superpotencia”, escribió el diario británico The Telegraph.

El semanario alemán Der Spiegel, por su parte, retoma una definición del experto militar ruso Vasili Kashin para decir que Rusia es actualmente “probablemente más fuerte que todos los ejércitos de la Unión Europea juntos”.

Esa afirmación provoca escalofríos en la espina dorsal, sobre todo cuando se estima -según expertos norteamericanos- que está en condiciones de realizar “acciones sorpresa en un conflicto convencional en el teatro europeo, incluyendo el bloqueo del estrecho del Bósforo”.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan debe haber leído esa frase más de una vez.