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Sacramento peculiar

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Hace unos días acudí a una boda católica, y llamaron mucho mi atención las palabras del sacerdote, y su referirse al del matrimonio, como: un sacramento peculiar. En seguida mencionó que lo era, por la fidelidad que requería para toda la vida.

Bien sabe este sacerdote que mucho de lo creado por el hombre, es ajeno a su naturaleza.

Recuerdo en este momento que mi amiga Florencia no cree en eso de casarse, pues todo aquello que amerita un contrato como también lo tiene la sociedad, es artificio, asevera.

En lo que a mí respecta, con tantos años de educación católica, desde muy niña me aprendí los ritos. Sin embargo, cada vez que acudo a las ceremonias, suelo cuestionarme más cosas. Justo como Florencia lo menciona, es artificial, de impostura.

Me he repetido por ejemplo, que no volveré a ser madrina de nadie, entre otras cosas, porque tengo que fumarme un montón de reunioncitas y como plato fuerte, la celebración, que se hace más por tradición y por cumplir, que por una verdadera creencia y fidelidad. Soy ahora perfectamente consciente, de que explicar a las personas los puntos de vista particulares, trae consigo consecuencias, entre otras, no ser comprendido o pasar por extravagante. Porque al fin y al cabo, eso es lo que se usa, lo cotidiano, lo ‘normal’. Eso podría hacerlo a uno sentirse segregado, desplazado o fuera de lugar y por lo mismo muy infeliz, sin embargo, la risa es mi principal arma.

“Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad…, y amarte y respetarte todos los días de mi vida”, dice la novia al novio y viceversa, la mayoría de las ocasiones, sostengo, sin considerar el peso y la contundencia de las palabras. ¿Qué es lo que lo hace a uno mantenerse fiel?

Resulta que con la reforma educativa, buscan no hacer memorizar ni hacer repetir como loritos a los infantes, pero si aquí no repetimos como loritos los adultos, seguramente más de uno se echa para atrás ante la dificultad de cumplir.

De cualquier manera, pensándolo o razonándolo mejor, tal vez la fidelidad pueda ser observada de manera diferente para cada pareja de individuos, ¿no? Digamos que si entre ellos platican y no tienen problema con tener otras parejas y se lo cuentan y/o forman parte, no serían infieles, ¿cierto? Si existe un acuerdo entre ellos y comunicación o si participan en el crecimiento y desarrollo de la pareja, sin ponerle límites y se la juegan, con la posibilidad de algún enamoramiento ajeno a ellos, no serían infieles, porque están en concordancia, ¿podría ser? ¿Suena escandaloso, y no lo suena…, hacerlo sin decirlo?

Mi amiga Florencia sostiene que ninguno está hecho para vivir con la misma persona toda la vida, a menos que lo importante sean muchas cosas más que el sexo y siempre se estén renovando. Y subrayo aquí la importancia de la comunicación para no perderse cada uno en un mundo totalmente distinto y ajeno al del otro. Hasta que dure.

Ahora bien. Cuando nos enfrentamos a un ritual, estamos tan acostumbrados a él a fuerza de repetición, que nos lo comemos entero, y es hasta que nos alejamos un poquito, que nos comienza a ser extraño. Por ello me agradó lo que dijo ese sacerdote, como para ponerte en advertencia…

Desde luego, quién sería capaz de parar una ceremonia semejante cuando ha gastado tanto, porque vendrá la fiesta, y está tal cantidad de gente conocida reunida y convocada por uno.

A quién somos fieles, al estado de las cosas, a la vida, al amor, a la pasión, al sueño, al peso de las palabras. ¿Tenemos honor? ¿Seríamos capaces de asumir y cumplir aquello o cualquier cosa, por el hecho de haberlo dicho o aseverado? ¿Cuántas ocasiones cambiamos de opinión?

Tantas cosas que envuelven una celebración matrimonial católica. ¿Sabemos de dónde vienen y qué significan las arras, el velo, el vestido, los anillos, el ramo, el lazo, el cirio, los votos, los padrinos?

En aquel tiempo, reza la lectura, los derechos de autor ni siquiera eran considerados, pero darle objeto a cada objeto, revistió la cobertura ideal, para beberse y comerse el rito completo, sin sentirse atragantado.

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