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Sacudida a la Iglesia / Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

Quienes esperaban un choque frontal entre el papa Francisco y el Gobierno mexicano se han llevado un chasco mayúsculo, a pesar de ello la cobertura de los medios, particularmente los impresos, han presentado la información con un sesgo antigubernamental que no corresponde a lo que el Papa ha expresado.

El Sumo Pontífice ha sido extremadamente cuidadoso y respetuoso de las autoridades mexicanas y del pueblo de México en general. Se ha mostrado genuinamente generoso y emotivo con los mexicanos, su discurso me pareció más comprometido con nuestros valores nacionalistas que el del propio Gobierno, además ha tocado los temas que afectan a nuestra sociedad con elegancia, en el marco de planteamientos que condenan esos males en sí mismos, producto de vicios que corroen la vida colectiva globalmente, en especial la concentración de la riqueza y el materialismo rampante fundado en la explotación de millones de desposeídos, que a su vez, propicia males como el tráfico de drogas y la violencia ligada a él.

En cambio, con quienes se mostró particularmente severo con un discurso insólito, durísimo, crítico al extremo de imputarles actuar con insidia, rumores y hasta cobardía, fue con los miembros del Episcopado mexicano cuya división hizo evidente en el mensaje dirigido específicamente a ellos en la Catedral Metropolitana.

El Papa no podía ocultar su indignación con los dignatarios eclesiásticos de nuestro país al punto de abandonar su texto escrito para decirles que si tenían algo que decirse, lo hicieran de frente, “como hombres”, fue su expresión textual que implica una acusación de falta de hombría.

Como en todo, seguramente habrá algunos que no merecieran tales calificativos y que constituyan excepciones en el comportamiento que el Papa aprecia en este episcopado en el que parecen haber triunfado las tentaciones que Francisco invita a rechazar: riqueza, vanidad y orgullo.

Pese a que los obispos hicieron, en general, como que la Virgen les hablaba y algunos hasta sonreían y cuchicheaban; en tanto, los increpaba nada menos que el Vicario de Cristo; las recriminaciones papales caían como lápidas sobre una jerarquía que a la vista de su jefe, actúa con opacidad, solo interesada en ver cómo ascienden en su carrera y cómo consiguen ventajas materiales aún a costa del desprestigio de sus compañeros mientras descuidan a sus sacerdotes y se alejan de los fieles.

Les recriminó la realización de acuerdos “bajo la mesa”, algo debe saber al respecto, y les previno de no uncirse al carro de los “nuevos faraones”.

Algunos han querido ver en esta alegoría una alusión solo a los gobernantes, pero si en la tradición bíblica los faraones eran el símbolo de la opresión popular, la expresión del Papa debe considerarse que abarca también a los magnates que concentran poder económico y hasta a los capos de la criminalidad organizada.

Francisco reprochó a sus obispos la falta de verdadero compromiso contra el narcotráfico, al que no basta con condenar genéricamente al tiempo que actúan con negligencia, restándole valor al desafío “ético y anticívico que representa para toda la sociedad mexicana, comprendida la Iglesia”. Esta, parece decirnos el Papa, no es invulnerable a la corrosión del narco.

No obstante la dimensión noticiosa que implica esta colosal e inusitada reprimenda, de los principales diarios nacionales, solo El Sol de México entendió su valor periodístico y le dio las ocho columnas; otros parecen también ajenos a ese desafío ético a cuyo enfrentamiento convoca el Papa.
eandrade@oem.com.mx