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Saldos de la visita papal / Federico Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Durante la semana pasada todas las notas de prensa, de radio y televisión se volcaron con singular alegría a cubrir y dar cuenta detallada de la visita del Papa a México. En ese tiempo, pocas cosas tuvieron más importancia que las reuniones, eventos y viajes que realizó el Pontífice por todo el territorio nacional. Varias cosas se destacan, pero quiero mencionar algunas cuantas.

Primero, creo que la visita del Papa (empezando por quien escribe este artículo) nos hace ver a varios, las luces y sombras que la Iglesia tiene. La primera conclusión a la que llego es que Francisco no causó el furor que se esperaba. Las calles no estuvieron llenas como los organizadores previeron, y tampoco las personas formaron una opinión unánime en torno al jerarca. ¿Qué sucedió? Que Francisco divide opiniones. De acuerdo a encuestas publicadas, 86 por ciento de los mexicanos tienen una opinión favorable de Su Santidad; eso quiere decir que hay un 14 por ciento que opina lo contrario (y suelen ser aquellos que alzan la voz con más contundencia, y pareciera que la cantidad es mayor). Francisco no es una figura unánime entre los mexicanos. Su estilo de gobernar a la Iglesia no es del todo tradicional (como muestras, sus supuestos enojos con autoridades, actrices y fieles por ocupar lugares que no les corresponden, o por “jalonearlo” para saludarlo). Cosas totalmente entendibles, pero que no suelen ser vistas de manera regular en las visitas de los papas a México.

En segundo lugar, la visita del Papa a territorio nacional hace evidente una profunda división en la Iglesia católica (me refiero a su jerarquía). La cúpula episcopal no cerró filas con Francisco. Basta ver la imagen del cardenal Norberto Rivera en el Papamóvil y contrastarlo con el cardenal Suárez Inda en Michoacán. Una imagen dice más que mil palabras. ¿Cuántas rencillas y odios habrá entre los obispos y arzobispos mexicanos? Para darnos una idea, hay que releer el discurso de Su Santidad en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, cuyo mensaje está dirigido totalmente a sus colegas, y a las divisiones y pleitos que existen entre ellos. Creo que hay una clase “religiosa” (algo así como “clase política”) que gusta de sus privilegios, y no cae bien lo que Francisco pretende hacer.

Por último, la visita papal revela un desconocimiento general de nuestras autoridades (federales, estatales y locales) de cómo comportarse ante las autoridades religiosas, a la luz del llevado y traído “Estado laico”. Nadie sabe bien a bien lo que significa y lo que implica, pero ciertamente los varios discursos que escuchamos de nuestra clase política, de las “selfies” que todo mundo se sacó con Su Santidad y de la forma en que se comportaron, me hace ver que quizá – como en muchas otras cosas – nuestras reglas y costumbres están un poco de adorno. ¿Es México un Estado laico, realmente? Es como si nos preguntáramos si la República es federal, honestamente. A todos queda claro que México es un país absolutamente centralista, aunque la Constitución Política diga lo contrario.

En conclusión: así como escribí la semana pasada que Francisco (su pontificado, su visita y su figura) tenía evidentes contradicciones, así entonces se ve que no es algo exclusivo del Vaticano o del papado. Estas contradicciones y contrasentidos son también de los propios mexicanos y de su clase política. En conclusión: creo que nos haría muy bien a todos replantearnos algunas cosas y asumir verdades que – aunque tratemos de disimular – no son del todo ciertas. “La verdad nos hará libres”, dice el lema de los jesuitas, la orden religiosa de Su Santidad.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en análisis político y medios de información