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“Saliendo de México… todo es Cuautitlán” / Cultura a la Mexicana / Napoleón Fillat

  • Napoleón Fillat

Decía mi padre,el doctor Napoleón Fillat (por cierto, ya somos cuatro con ese nombre), para referirse en términos generales, al poco valor que todavía le atribuían en esos años -la segunda mitad del siglo pasado- a toda región ubicada más allá de los límites establecidos para la gran metrópoli y capital mexicana. Circunstancia que sin duda fue determinada por los cientos de años en los que hemos sido gobernados bajo un, centralismo del poder político, promotor de una gran desigualdad social y económica entre el, hasta hace unos días, Distrito Federal y los estados de la República, es decir, la “provincia”.

Sabemos que la palabra “provincia” es el nombre de una subdivisión gubernamental. Y que en un inicio, ésta fue utilizada por los antiguos romanos a fin de designar a los territorios conquistados más allá de la península itálica, los que posteriormente se convirtieron en una parte fundamental de su imperio, pero siempre supeditada a satisfacer las necesidades de la gran capital, Roma, que no obstante, todo el tiempo le hizo sentir su menosprecio.

Guardando las debidas proporciones, a eso se refería el doctor Fillat cuando quería puntualizar las “ventajas” de residir en la capital de la República mexicana y que, por lo que me tocó vivir, en ese tiempo era una opinión ampliamente compartida en todo el país. Creencia que afortunadamente ya no cuenta con tantos adeptos, aún cuando se piense que quienes vivimos en la capital, somos muy privilegiados, pues dicen que “lo hacemos a expensas de las demás entidades federativas”.

Partiendo de tal hecho, es que surge la duda en un enorme sector de la población “chilanga” o ahora “mexiqueña” –en el que desde luego, estoy incluido- sobre los beneficios reales y concretos de pasar a ser “una entidad federativa integrante del Pacto Federal y además, contar con autonomía constitucional”. Creo que a muchos no nos ha quedado muy clara la conveniencia de tal hecho y por lo mismo, no compartimos el júbilo, casi orgásmico, con que se nos ha presentado la reforma constitucional publicada el pasado 29 de enero.

Mi confusión aumentó al respecto, cuando le eché un vistazo a la exposición de motivos contenida en la iniciativa que formuló el PRD desde el 2013, pues en ella se expresa la visión de los autores al esperar con la reforma: “…que la transformación del régimen constitucional de la Ciudad de México permita alcanzar tres grandes objetivos largamente buscados por sus habitantes”: a).- Transitar del modelo de un “Distrito Federal” al de una “Ciudad Capital”, con autonomía constitucional; b).- Establecer una nueva relación entre los poderes federales y la Ciudad de México como entidad federativa y c).- Transformar el régimen constitucional de la Ciudad de México.

En tal sentido, mi desorientación no es para menos, pues por más que me esfuerzo, no logro recordar los eventos en los que fueron demandados por la ciudadanía del Distrito Federal tales objetivos, ni que la misma se haya pronunciado por la “inequidad” con que es tratada respecto de los “estados libres y soberanos”, aunque la iniciativa lo haga parecer como una larga y penosa lucha de los “chilangos” (¿o mexiqueños”?), contra la “discriminación” que supuestamente sufrimos respecto de los “provincianos”.

Con independencia de discutir si es o no verdad lo dicho, lo cierto es que a mí me parece que la transformación oficial del Distrito Federal en la Ciudad de México, es más una reforma administrativa -en la que el objetivo principal es una reorganización gubernativa- que la reivindicación de un derecho demandado por los capitalinos y por ende, los beneficios reales de la disposición constitucional serán observables y sensibles a los habitantes del antiguo DF, solo en la medida que arroje resultados positivos en la vida diaria individual y colectiva, de cuando menos la mayoría de los que vivimos en la nueva entidad federativa. Lo que considero poco probable con los cambios constitucionales, que solo le dan más autonomía y discrecionalidad de actuación a los administradores y no a los administrados.

Por lo mismo, tampoco pienso que tenga la importancia con que nos quieren vender, la posibilidad de designar libremente a los titulares en: la Procuraduría General de Justicia y en la Secretaría de Seguridad Pública, o de contraer deuda pública, sin necesidad de recurrir a la Federación. No creo que ello sea un antídoto eficaz contra la injusticia, la inseguridad y la corrupción que sufrimos al día de hoy. Y que yo sepa, la situación de las otras entidades “libres y soberanas” de ninguna manera representa un buen ejemplo a seguir. Pues entre otras cosas, también tienen sus homicidios no esclarecidos de periodistas (colonia Narvarte), sus News Divine y sus turbios manejos de los recursos públicos (Línea 12 del Metro); por lo que:

“A otro perro… con ese hueso”.
napoleonef@hotmail.com