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Salir antes que entrar

  • Francisco Fonseca

La puesta en marcha de la Reforma Educativa fue la mejor noticia en más de cuarenta años de atraso nacional. Se generó un aliciente que tocó los puntos torales del país: analfabetismo, desempleo, inseguridad, carencia de servicios sociales, incremento de los costos de vida, pérdida de valores, corrupción, injusticia, impunidad, etc.

El país está sumido en una oquedad de desaliento, los ricos que se aprovecharon más del país durante los dos últimos sexenios del siglo XX y los dos primeros del XXI, jalaron más hacia sus intereses que por el bien del pueblo. Suponemos y nos esperanzamos en que habrá futuro para los cientos de miles de niños que carecen de la educación primaria, los intentos de la SEP tenderán a disminuir esas cifras.

Para lograr esa meta, sueño de los secretarios del ramo, deberán prepararse y capacitarse algo así como diez mil maestros y construirse más de quince mil aulas en todo el territorio nacional y ser utilizadas en dos turnos diarios. Para ello, obviamente, deberá ejercerse un presupuesto estratosférico para capacitar, construir y remunerar. ¿A cuánto debe ascender el presupuesto educacional? ¿Por qué este esfuerzo no se hizo antes? ¿Por qué la Ley General de Educación no se ha aplicado desde hace lustros? ¿Por qué esperar a que el país esté a punto de una crisis de tipo político, social o económico para remediar situaciones? ¿Cuántos lustros se van a requerir, trabajando a todo vapor, para salir a flote en esta materia? Muchos, indudablemente que sí.

Sabemos de sobra que la falta de educación es el tronco común de nuestras carencias y lacras. Por falta de educación sufrimos una incontrolable explosión demográfica, por falta de educación se delinque (en sus cientos de facetas), por falta de educación los problemas del campo se tornan difíciles, por falta de educación tenemos un gran desempleo y una injusta distribución de la fuerza de trabajo.

Solamente aquí he visto que la gente se meta a un ascensor antes de que salgan los de adentro. ilógico, completamente ilógico ¿por qué?  Por falta de educación.

Y así como hablamos del ascensor, lo podemos adecuar a todas las formas conductuales, del comportamiento burocrático, de las relaciones entre ciudadanos y autoridad, de la falta de preparación y de capacidad, de la indolencia, del índice delincuencial, de la indiferencia de maestros y alumnos, de la violencia que nos tiene entrampados, de la corrupción a todos niveles y de la impunidad a todos niveles también, de los latrocinios sindicales y de las arbitrariedades de los medios de comunicación. Ejemplos no faltarían. Todo se desprende de nuestro tronco común, que es la falta de educación.

No dejaré de aplaudir y conmigo lo harán millones de mexicanos, cuando verdaderamente sean alfabetizados los ciudadanos que no lo están, cuando sepamos que la persona que camina junto a nosotros por la calle ha tenido todas las oportunidades para superarse, cuando todo México sea una fábrica gigantesca con millones de engranes que funcionen bien y cuando sepamos que podemos salir libremente del ascensor antes de que entren los de afuera.

pacofonn@yahoo.com.mx