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Saludos desde Berna, entre campanas, fuentes y osos | María Esther Estrada

  • María Esther Estrada

2ª Parte

ÁMSTERDAM, Holanda.- Casi puedo decirle que pensar en Berna es pensar en fuentes. Hay más de 200 en toda la ciudad, de las cuales destacan 11 que fueron realizadas a mediados del siglo XVI. Me di a la tarea de identificarlas todas ¡y lo logré! El Tocador de cornamusa, el Tirador, Anna Seiler (homenaje a la iniciadora del primer hospital de Berna), Zähringen (dedicada al fundador de la ciudad representado como un oso con armadura), Sansón, la Justicia, el Mensajero, el Alférez (o porta estandarte), Moisés, el Devorador de niños y Ryffl (o el ballestero).

Las seis primeras se encuentran en la calle principal. El hecho de que se mantengan en su ubicación original y que sean los pocos vehículos que por ahí transitan los que deban esquivarlas contribuye a conservar el ambiente medieval de la ciudad.

Catedral de San Vicente

Una visita a Berna sin conocer la catedral es como no haber venido. Su historia, su fachada, su interior, su campanario y su terraza son interesantes.

En 1421 se inició la construcción de esta catedral católica en estilo gótico. Más de un siglo después, todavía no terminada, cambió al culto protestante, sin embargo, los trabajos de edificación continuaron sin modificar los planos originales. Se concluyó en 1575.

Detalle central del Juicio Final en la fachada de la Catedral.

Detalle central del Juicio Final en la fachada de la Catedral.

Su campanario, que se levanta 100 metros, sobrepasa con mucho al resto de las construcciones de la ciudad antigua. Si tiene fuerzas suficientes, anímese a subir los 222 escalones (¡los conté!) que llevan a la primera terraza. Déjese seducir por la vista de la ciudad y los alrededores. En un día claro hasta los Alpes verá. Pero no olvide mirar también la torre y las figuras cinceladas en la piedra. Después de un respiro suba otros 90 escalones que lo llevan a la segunda terraza. Con la panorámica que se extiende a sus pies no es difícil entender que éste fuera un punto importantísimo para divisar enemigos que se acercaran o incendios cerca o lejos. Es por ello que durante siglos ha vivido un guardia (algunos con su familia). Definitivamente un trabajo “de altura” que sigue existiendo. Las campanas se pueden ver al bajar. La más grande pesa 10.5 toneladas. Sigo preguntándome cómo la subieron.

El campanario de la Catedral sobresale en el perfil de la ciudad.

El campanario de la Catedral sobresale en el perfil de la ciudad.

A pesar del movimiento iconoclasta, los protestantes dejaron los vitrales del coro (s. XV) llenos de colorido. También mantuvieron intacto el decorado de la puerta principal del templo, que representa el Juicio Final. Parece que el razonamiento tras esta decisión fue que transmitía muy bien el mensaje de que todos, sin importar su nivel jerárquico dentro o fuera de la Iglesia, serían juzgados con la misma vara al final de los tiempos. Se pueden identificar papas y emperadores, lo mismo que gente humilde, que según sus méritos entran por la Puerta del Cielo o caen en las llamas del Infierno. Interesantísimo ver cada una de las 200 figuras y lo que representan.

La terraza que está atrás de la catedral es una atalaya maravillosa, un parque donde los niños se entretienen en los juegos infantiles, los mayores se divierten jugando a la petanca, otros toman el sol y unos más un café o un vino con los amigos. No falta algún músico callejero que contribuya al ambiente plácido del lugar.

Encontré otras cuatro iglesias en el centro, dos protestantes y dos católicas. Cada cual tiene su historia y su importancia, pero la que le sugeriría visitar es la Basílica de la Trinidad (1899), frente al parque Kleine Schantze, que fue renovada recientemente. Me sorprendió encontrar una pintura abstracta, en tonos amarillos y naranjas como fondo del altar. ¡Qué alegre! Un toque moderno a una construcción centenaria.

Fuente Anna Seiler.

Fuente Anna Seiler.

Sedes culturales

Berna tiene una intensa vida cultural. Lo demuestra el hecho de que cuenta con una Orquesta de Cámara, otra Sinfónica, otra de Jazz, distintos grupos corales y una plétora de salas de teatro y conciertos como el Casino (1903), el Teatro de la Ciudad y el de Títeres.

La lista de museos también es larga: el de Bellas Artes (con obras de los mejores artistas suizos), el Histórico de Berna, el de Einstein, el Centro Paul Klee (consagrado a este hijo pródigo de la ciudad), el de Historia Natural, el de Comunicaciones y el Suizo Alpino.

Además, a lo largo del año hay diversos festivales, sobre todo musicales, pero también un Carnaval (febrero) y un Mercado de la Cebolla (noviembre).

El río Aar

Mi amiga Elsbeth, bernesa de corazón, me dice que “su” río es parte de la vida local. En el verano todos nadan en él y se dejan llevar por su corriente. Me impresionó lo transparente de sus aguas y en esta ocasión lo valientes de Oliver Gugger, sobrino de Elsbeth, y de su amigo Patrick Suter, quienes se ofrecieron a hacernos una demostración, pero ese día invernal el río fluía con apenas 7°C (un monitor electrónico indica la temperatura). Sin más protección que un traje de baño, nadaron en el Aar. Quedo agradecida, pero ¡espero que no hayan pescado un enfriamiento!

¿Qué más ver?

Como en telegrama le menciono la Torre de la prisión, que formó parte de la segunda muralla de la ciudad (1256), lo mismo que la Torre de los holandeses (blanca y alta). Tomó ese nombre porque como estaba prohibido fumar dentro de la ciudad (después de incendios tan graves más valía prevenir que lamentar), algunos soldados mercenarios que habían regresado de Holanda con esa costumbre se reunían ahí para echarse unos cigarrillos sin ser molestados por las autoridades.

El Parque de los osos en el recodo del río Aar, donde viven Fin, Björk y su hija Ursina. Ahora estaban hibernando, pero el resto del año se les puede ver en este espacio al aire libre. Hablando de animales, no hay que olvidar el Zoológico.

Desde el Parque de los Osos.

Desde el Parque de los Osos.

Sin duda alguna también vale la pena entrar al sótano de los que fueron los graneros de la ciudad, que hoy es el restaurant Kornhauskeller. Mire las pinturas murales con figuras vestidas con trajes regionales de los distintos rincones del Cantón.

¿Qué comer?

Siendo una nación con fuerte influencia alemana, francesa e italiana, no es de extrañar que sus platos típicos sean un reflejo de ella. Queso, papas, cerdo y chocolate son ingredientes muy utilizados, pero la oferta gastronómica es mucho más amplia que eso.

Para empezar el día, nada mejor que un Birchermüesli, un plato a base de avena cruda, manzana, jugo de fruta y nueces que el Dr. Bircher-Brenner ideó en 1900. Delicioso y nutritivo.

Luxemburgerli.

Luxemburgerli.

Si es de buen diente, debe probar el Plato Bernés: rebanadas gruesas de jamón, tocino y lomo de cerdo, una salchichay un trozo de carne de res cocida, a lo que se suman ejotes, papas y col estilo chucrut.  Otra opción es el Rösti, una tortilla de papa rallada frita.

Plato bernés.

Plato bernés.

En el lado dulce, los Merengues y los Mandelbärli (panes pequeños con forma de oso). Pero en este renglón, mis favoritos fueron los Luxemburgerli, unos macarrones fabricados por la Confitería Sprüngli. Dos mitades de merengue esponjoso unidas por un relleno cremoso que ofrecen en más de una decena de sabores. ¡Se deshacen en la boca!

Este reportaje continuará.

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FOTOS: MARÍA ESTHER ESTRADA

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