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Sanders fuera de control / Paul Krugman

  • Paul Krugman

Desde el principio, muchos, y probablemente los expertos de política más liberales se mostraron escépticos con respecto a Bernie Sanders. Con respecto a muchos temas de importancia -incluyendo los temas distintivos de su campaña, particularmente la reforma financiera-, él parecía favorecer lemas fáciles por encima de pensar a fondo. Además, su teoría política de cambio, su desdén hacia límites, parecían totalmente impracticables.

Algunos partidarios de Sanders respondieron enojados cuando se sacó a colación estas inquietudes, acusando de inmediato a cualquiera que expresara dudas sobre su héroe de ser corrupto, si no un verdadero criminal. Pero, intolerancia y tendencias de culto de algunos seguidores de un candidato son una cosa; ¿qué hay del candidato en sí?

Para mala fortuna, en los últimos días la respuesta se ha vuelto totalmente clara: Sanders está empezando a sonar como sus peores seguidores. Bernie se está convirtiendo en un Bernie Bro.

Permítanme ilustrar el punto con respecto a temas hablando sobre la reforma bancaria.

Aquí, el lema fácil es “Desarticulen los grandes bancos”. Salta a la vista por qué este lema es atractivo desde un punto de vista político: Wall Street suministra un excelente elenco de villanos. Pero, ¿estuvieron realmente grandes bancos en el corazón de la crisis financiera, y nos protegería su desarticulación de crisis futuras?

Muchos analistas concluyeron varios años atrás que las respuestas a ambas preguntas eran no. La extensión de préstamos depredadores fue llevada a cabo mayormente por instituciones más pequeñas fuera de Wall Street, como Countrywide Financial; la crisis en sí se centró no en grandes bancos sino en “bancos sombra” como Lehman Brothers que no eran necesariamente grandes. Y la reforma financiera que el presidente Barack Obama firmó en 2010 hizo un verdadero esfuerzo por encontrarle solución a estos problemas. Se podría y se le debería dar más fuerza, pero darle de manotazos a la mesa con respecto a grandes bancos pasa de largo el punto.

Sin embargo, seguir con respecto a los grandes bancos es prácticamente todo lo que Sanders ha hecho. En las raras ocasiones en que se le pidió más detalle, él parecía no tener nada más que ofrecer. Y esta ausencia de sustancia más allá de los lemas parece ser cierta sobre sus posiciones en general.

Se podría argumentar que los detalles estratégicos no revisten importancia siempre que un político tenga los valores y el carácter indicados. Ocurre que no estoy de acuerdo. Para empezar, los puntos específicos de política de un político a menudo son una pista de gran importancia hacia su verdadero carácter; yo advertí sobre la deshonestidad de George W. Bush en una época en que la mayoría de los periodistas aún lo estaban presentando como una persona amigable y directa, un tipo honesto, porque yo sí vi sus propuestas fiscales. En segundo lugar, considero que un compromiso con encarar duras decisiones, contrariamente a tomar la salida fácil, es un importante valor en sí mismo.

Pero, en cualquier caso, la forma en que Sanders está haciendo campaña hace que surjan serias preguntas de carácter y valores.

Una cosa que es que la campaña de Sanders destaque las conexiones de Hillary Clinton con Wall Street, que son reales, aunque la cuestión debería ser si ellos han distorsionado las posiciones de ella, argumento que la campaña ni siquiera ha intentando exponer. Sin embargo, recientes ataques en contra de Clinton como una herramienta de la industria de combustible fósil son llanamente deshonestos y hablan de una campaña que ha perdido su anclaje ético.

Y después estuvo la perorata del miércoles, con respecto a cómo Clinton no está “calificada” para ser presidenta.

Lo que probablemente desató eso fue una entrevista reciente de Sanders por el Daily News, en la cual, él repetidamente parecía incapaz de responder cuando lo presionaban a que fuera más allá de sus lemas usuales. Clinton, cuando le preguntaron sobre esa entrevista, no cuidó sus palabras, sugiriendo que “él no había hecho su tarea”.

Sin embargo, Sanders no tuvo cuidado ni en lo más mínimo, declarando que considera que los pecados pasados de Clinton, incluyendo su apoyo hacia acuerdos de comercio y su voto para autorizar la Guerra de Irak -por lo cual ella ya se ha disculpado- la vuelven totalmente incapaz para un cargo público.

Esto es realmente malo en dos niveles. Llamar a rendir cuentas a la gente por su pasado está bien, pero imponer una norma de pureza, en la cual cualquier compromiso o error te convierte en el equivalente moral de los tipos malos, no lo está. Abraham Lincoln no estuvo a la altura de la norma; ni lo estuvo FDR. Tampoco, para lo que es igual, lo ha estado Bernie Sanders (piensen en armas).

Además, el momento de la perorata de Sanders fue en verdad extraordinario. Dada su gran delantera en delegados -con base en buena medida en el apoyo de electores negros en EU, quienes responden a su pragmatismo porque la historia les dice que desconfíen de promesas extravagantes- Clinton es la fuerte favorita por la nominación demócrata.

¿Se está posicionando Sanders para unirse al grupo de “Bernie o reviento”, alejándose si no puede lograr una extraordinaria victoria inesperada y posiblemente ayudar a poner a Donald Trump o Ted Cruz en la Casa Blanca? Si no, ¿qué cree él que está haciendo?

La campaña de Sanders ha sacado mucho idealismo y energía que el movimiento progresista necesita. Sin embargo, ha sacado también una vena de petulante rectitud moral entre algunos partidarios. ¿Ha sacado también esa vena en el candidato?