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Satiricosas

  • Manu Dornbierer

  • Manu Dornbierer

CARTA ÍNTIMA, LECTORES

AMIGOS: El jueves pasado a la hora en que inicio esta misiva, me encontraba en Montreal, Canadá, para conocer de volada esa ciudad en una escala entre París y México ¡de 14 horas ni más ni menos! En calidad de consumidora responsable me propuse ya nunca hacer ese trayecto ni con Aeroméxico ni con Air France, que el año pasado en un viaje de retorno similar tras visitar a mis nietos en Suiza, me hicieron pinole al negarme el acceso al regreso vía a Cuba en un avión de Air France, viaje previsto con todo y entrevistas, pues se estaba levantando el embargo de 60 años a la isla por parte de USA. Al intentar abordar, me dijeron que no tenía visa a Cuba y es que ni siquiera se le ocurre a un mexicano “de antes” – ni al Club Premier- pensarlo. Olvidé que Fox nos enemistó con Cuba con su “Comes y te vas”, dicho a Fidel Castro cuando invitó a Bush a Monterrey.

Pero lo peor fue que había pagado con puntos de tarjeta de crédito lo que me convertía a ojos de los empleados de las compañías aéreas, en “una coda y pobre diabla”. “Literal”, como dice mi nieta Katia, encantadora e inteligente, compañera de viaje, casi me da un infarto en serio. Se me paralizaron las manos de la angustia, pues además de perder la oportunidad periodística, estaba económicamente agotada y querían venderme lo más caro que tenían en un solo viaje de regreso: Aeroméxico más caro aún, algo así como 70 mil pesos para ese solo trayecto por persona. “El sistema”, dijeron y soltaron el bla, bla, bla neoliberal explotador del ciudadano. Fue una empleada de Air France la que solucionó mi regreso, vendiéndome un “ida y vuelta a París” que fue lo menos gravoso, solo que no pude utilizarlo porque piden eternamente el enlace anual o de nuevo otro viaje de retorno carísimo. ¿No hay autoridad internacional que ponga un alto a esta práctica gangsteril? Nunca me devolvió Aeroméxico mis puntos.
14 HORAS EN CANADÁ

En las horas de escala, mi nieta Katia y yo presenciamos al borde del río San Lorenzo un concurso “internacional” de fuegos artificiales, que francamente nada que ver con cualquier fiesta normal en Acapulco, pero los canadiense son buena onda (aunque se lleven nuestro oro) es muy amable, sea dicho con justicia. Un francés originario de la ciudad de Estrasburgo al que le pregunté por dónde caminar, nos llevó en su coche al lugar indicado. Salvo un grosero mesero peruano y un chofer abusivo que no quiso decir su lugar de origen, los locales apoyaron gentilmente a dos turistas en rápida escala que resultó demasiado nocturna. En el aeropuerto de regreso para el vuelo a la 3 de la madrugada, conocí a dos mexicanos cuya familia ya tiene tiempo en Canadá y que como muchos otros en el mundo sienten que México, su México “lindo y querido”, es hoy un horror desacreditado por los narcos y por “los ladrones políticos” y por todos los mexicanos que “no la hacen”. Y ahí me tienen, lectores, echando los rollos que ustedes conocen y citando la ley capitalista por excelencia “La demanda produce la oferta” y a Porfirio Díaz quien decía “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, el principal y ávido mercado de drogas del mundo. De los políticos ladrones no les dije nada a los compatriotas. Solo un humilde chofer de autobús en Ginebra estuvo de acuerdo en aceptar: “Yo comprendo lo que le pasa a México con los americanos”.
PARÍS EN  VERANO

En París, estuvimos al llegar y al irnos. Utilizamos las novedosas aplicaciones del Air, b&b, renta de apartamentos privados por internet y cuando estábamos demasiado cansados, los eficaces taxis privados Uber. Funciona.

Esta vez había que enseñarle París en serio a mi nieto Patricio, graduado en Relaciones Internacionales con becas que él obtuvo por excelencia académica, en la UDLA, universidad con prestigio de Alejandro Gertz Manero, y no abusiva como la Ibero a la que fueron en su época su padre y mis tías, pero que hoy es un supernegocio ya no de los jesuitas ¿nada más? sino de la familia González Torres.

Patricio solo había estado en París en un “bateau mouche” (barco fluvial) de chico, regresando de una inolvidable semana de Pascua en Rusia y no podía abrir los ojos del sueño aunque le picara las costillas. Solo lo hizo cuando el barco pasó frente a la catedral de Notre Dame. Y esta vez, quería que corriéramos cuanto antes a tomarse la foto frente al esplendor gótico, porque las colas futboleras en toda la Ciudad Luz impedían la visita de los monumentos a los que tenían poco tiempo. “Me traía de encargo” porque en nuestra caminata a borde del Sena me paraba en cada puesto de libros a ver los que había. “La librería” que más amo en el mundo. Es no solo manía, sino superstición comprar libros ahí. Esta vez, había maravillas. Libros ilustrados y bellísimos, pero muy pesados para llevar. Me traje dos. La historia concisa de los pobres armenios. Y un Proust que me recordó a mi mentor y amigo Edmundo Valadés. Ambos, fans del escritor francés. Por otra parte el Louvre estaba cerrado por las inundaciones que padeció en meses pasados. El museo privilegiado fue el del Quai D’Orsay, por supuesto y Katia se deleitó con los auténticos Van Gogh que adoramos todos los lectores de la biografía del pintor holandés “Anhelo de Vivir”, de Irving Stone¡ Vincent, ese genio que solo vendió un cuadro en su vida ¡a su hermano Théo!  En lo personal gocé todos los Monet pero más los que vi en marina “original”, el año pasado. ¡El mar se sale del cuadro y hasta te moja! Monet lo pintó en Belle Île, la isla en que se aposentó la soberbia actriz Sarah Bernhardt en la Bretaña del sur, en donde pasamos dos semanas, con mi amiga francesa-gringa-acapulqueña, Huguette Glushanock.

París en verano es siempre demasiado caluroso y lleno de gente, pero ahora que viajé “como estudiante”, que hubo la Eurocopa y consecuente escandalera, ahora que es alcaldesa de París Anne Hidalgo, está peor y tiene a París, como Acapulco, lleno de obras, de miedo a los atentados (peor que nosotros con “la maña” que, impulsó Manuel Añorve y que hoy es instrumento de Gobierno ¿será?), de gente variopinta, como siempre, pero con mayor cantidad de mujeres veladas, que me horrorizan por su aberrante sometimiento. Por cierto no sé si serán del mismo credo las que se tiran sobre las aceras de Champs Elysées durante horas con un vasito en el que algunos depositan monedas. Nos detuvimos solo frente a una… ¿uno o dos o niños o una pareja flaca? quién sabe que hay en realidad bajo los harapos. Esa mujer parecía joven por sus pies que se le salieron de los trapos y habían sido objeto de un perfecto pedicure con las uñas barnizadas en un color superdemoda, “Katia dixit”, en cambio las manos que le aparecían cerca del vasito eran de piel más oscura y muy maltratadas y sucias, obviamente sin manicure. Misterio. Estuvimos en los “champs”, como dicen algunos sin dejar de pronunciar hasta la última consonante, los muy nacos. Como ídem, la primera noche, nos tomamos fotos, frente al Arco de Triunfo, en medio de la magnífica avenida, rozándonos los vehículos. Cenamos muy tarde en el restaurante portugués exquisito de Pedro Alto.

Al irnos hace unos días, conocedores de las peripecias de los “champs”, nos despedimos en un bistrot una calle trasera del otro lado, para disfrutar de buena comida, y de otro tipo de fauna parisina. Un grupo de aparentes africanos con perfecto acento francés, coqueteando con chicas blancas acompañadas de su novios ídem a los que causaban evidentes broncas. Había perdido un arete y galantemente mi nieto me regaló unos que habíamos visto. Los vendió una joven mexicana, curiosamente alumna del Liceo Franco Mexicano en el exDF, como mis hermanos y yo y después mis hijos. Los aretes de moda son unas calaveras, que dijeron todos, me quedan muy bien. Será por la edad. Me dan un poco de “ñañaras”, pero a ver qué piensan.

Un reproche más al inefable Gobierno de Hollande. Su ministro de la Cultura, tiene el Palacio de Versalles muy disminuido en su innegable esplendor. Se ven por doquier arreglos y obras y vehículos estacionados. Y la magia se pierde. De entrada se explica muy “modernamente” con videos la historia de Francia y puede servirle a los ignorantes, pero sin ninguna profundidad.

 

ATENTADOS

Cuando el primer atentado en Francia con el tal “Je suis Charlie”, (yo soy Carlos) escribí un artículo que se llamó “Huele a Torres Gemelas”. Y no me desdigo. Tengo la impresión que detrás de los horrores hay una estrategia (más subterránea) para combatir otra súper evidente y belicosa con todo y progenitura de 8 hijos en promedio por familia, de la invasión DE LOS MUSLMANES RADICALES. No se atreven en la abierta Francia a poner un alto FRANCO a sus innegables ofensivas.

Nadie en su sano juicio podría pensar que uno o varios Gobiernos occidentales pueden estar tras un megaatentado INFAME como el del 14 de julio 2016 en Niza, me dicen. Pero si los Gobiernos actuales son capaces de vender sus países, si, como pienso después de una investigación exhaustiva en mi libro “La Otra Guerra de las Drogas”, 1991, que son ellos los del negociazo de esparcir la droga en el planeta como lo hicieron con el opio en China, de soltar toda clase de inventos monstruosos contra la salud internacional, de producir alimentos nefastos so pretexto de alimentar al mundo y no alimentan ni a esa pobre África, que expulsa por hambre a su gente, por ejemplo ¿de qué no serán capaces? En los aeropuertos la ofensiva consiste en espantar a la gente con maletas abandonadas. Lo viví en el Aeropuerto “Charles De Gaulle” en la mañana y otros lo revivieron por la noche. De repente sacan a todo mundo de una cafetería diciendo que hay una maleta abandonada ahí cerca y al rato todo se calma. Mientras tanto se crea el pánico, se pierden cosas, se impulsa el horror. Pero ¿y si algo pasa?

 

SITIOS MARAVILLOSOS

El viaje original a través de Italia no fue posible. Nos quedamos en Nyon, puerto del Lac Léman o de Ginebra. De ahí fuimos a otros destinos cercanos en la misma rica, supereficiente, cara y generosa Suiza (cuyo Ejército salvó a mi nieto mayor Bruno de un problema de salud tremendo y le da una nueva carrera en una escuela de Enología, única en el mundo). A mi nieto Ian, en cambio Suiza le ha cambiado los ojos azules por verdes. Fuimos a algunos puntos cercanos de Francia y Turín, Italia, que nos encantó. Son lugares en donde aún no se instala el detestable Nuevo Orden Mundial. Para mí lo máximo fue nadar en dicho lago (20 grados). Visitar el CERN (otro día les cuento la maravilla “de las partículas”), pasar un día casi tocando el Mont Blanc en el pueblo francés de Chamonix y el 14 de julio en la placita de un pueblito galo de Yvoire, fueron momentos maravillosos en mi vida de viajera.

PD. Ya me di cuenta que sí existe el salto generacional.