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“Se le va de las manos”

  • Catalina Noriega

De preocupar el incremento de los delitos, en la Ciudad de México. Al jefe de Gobierno, Mancera, la seguridad se le va de las manos, ocupado, de tiempo completo, en sus demenciales ambiciones para el 2018.

Lo confirmó el Informe de Observatorio Ciudadano, que se dio a conocer en la semana. Era obvio: la vox populi se encarga de difundir las agresiones de que es objeto y de boca en boca, nos enteramos de lo que ocurre.

Las páginas citadinas de los periódicos se llenan de notas rojas, hasta hace unos meses, mínimas. Lo cotidiano ahora, es enterarnos de que entraron al domicilio de algún actor o actriz, se llevaron hasta la escoba y la víctima lloriquea frente a las cámaras, sin que se le haga justicia y se pesque a los autores.

Lo mismo se habla de que, a fulanito le quitaron el reloj o la bolsa. Zutanito vivió la de Dios es Cristo, cuando un par de rufianes, pistola en mano, lo desvalijaron y le dieron una golpiza.

El comentario se vuelve común: “Ya no se conforman con robarte; te lastiman y de milagro, no te escabechan”. La violencia sube de tono, a ojos vista de una policía incompetente, a cargo de un jefe aún más incompetente.

Común el ir por cualquier avenida y ver circulando a dos o tres patrullas, como si necesitaran nana y no pudieran andar solitas. Mientras tanto, en las calles aledañas, los pillos hacen de las suyas, con absoluta facilidad y la conciencia de que saldrán impunes.

Vivir cerca de un antro es mortal. Los propietarios de este negocio, gozan de máxima protección y se les permite cuanto desmán hay. Facilitan el estacionamiento de sus clientes, en doble fila y tapando las entradas a los garajes de casas y edificios. Si sales por la noche tu regreso al hogar será peligroso. Al amparo de los coches se esconden malandrines dispuestos a pegarte un susto.

Lo irrisorio del tema es que, el mini Mancera fue procurador Defeño, durante la gestión de Marcelo Ebrard –en la que bajó la inseguridad-. Se supondría capacitado para preservar lo hecho y todavía mejorarlo. Ha sido al revés.

Se cura en salud y declara que la culpa es del nuevo sistema de justicia, que resulta laxo. Se implementaron los juicios orales y parece que los jueces liberan a los indiciados, en un tris. La puesta en marcha estuvo a cargo del entonces Presidente del Tribunal Superior de la CDMX, Edgar Elías.

El problema, de acuerdo a quien se quiere lavar las manos, radica en la poca capacitación de la policía y los ministerios públicos, a cargo de presentar los casos.

Ni policía ni MP dependen del Poder Judicial, por lo que le tendría que pedir cuentas a su mandamás de seguridad, Hiram Almeyda y a su procurador Ríos. Difícil que el subordinado, que ve crecer el crimen y se queda como tal, entienda la urgencia de tener fuerzas policiacas competentes. Y tiempo de sobra tuvieron –los juicios orales se votaron durante el Calderonato- para estructurar el nuevo sistema.

Son muchas las fallas de quien preside la capital; la ciudadanía las ignoraría si le cumplieran dos exigencias: Poder caminar por las calles, con tranquilidad; ir a donde se quiera sin temor y que nadie se atreva a romper la certeza que da el estar en la propia casa. La segunda es tener el bolsillo lleno.

La sociedad, harta de la política, de la demagogia de quien le promete e incumple, de unos desgobernantes a los que repudia, se vuelve indiferente a cuestiones destacadas de respeto a los derechos humanos. Quiere a los sátrapas refundidos en la cárcel. Pide paz y bienestar, lo que desaparece a pasos agigantados, en la otrora Tenochtitlán.
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@catalinanq