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Secretaría de Cultura: iniciativa sin fundamento ni cultura (II) / Betty Zanolli Fabila

  • Betty Zanolli

Uno de los grandes problemas gestados a partir de la creación en 1988 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) fue justamente la duplicidad de funciones que derivaron en una notoria indefinición competencial entre dicho órgano administrativo, la propia Secretaría de Educación Pública (SEP) y las instituciones previamente estatuidas como responsables de la cultura en México, particularmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Problemática que actualmente no se remedia en la iniciativa presidencial relativa a la Secretaría de Cultura (SC), pues lo que ésta conlleva es el establecimiento de una macro secretaría que priva de toda competencia en materia cultural a la SEP, así como a sus homólogas de Gobernación y Relaciones Exteriores, desde el momento en que se erige como supremo órgano de la política cultural del Estado, lo cual es de suyo altamente riesgoso.

Creada la SC a partir de reformas, adiciones y derogación de diversas disposiciones contenidas en una veintena de leyes federales, al analizar las correspondientes a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF), queda claro que la SC estaría naciendo simplemente a partir del conjunto de atribuciones traspasadas desde la SEP, más que derivar de un verdadero proyecto cultural estatal. Prueba de ello, las más de 70 elementales substituciones de la mención del CNCA en los diferentes ordenamientos legales por la de SC. Problemática que se ve agravada desde el momento en que las nuevas fracciones propuestas para la LOAPF, correspondientes a los artículos 38 y 41 Bis, colisionan por cuanto a los idénticos postulados contenidos en las fracciones VII del Artículo 38 de la LOAPF vigente y V del Artículo 41 Bis de la LOAPF propuesto , al establecer en ambos casos que será competencia de las respectivas instituciones la organización y administración de las bibliotecas públicas.

Por otra parte, la reforma a la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles, evidencia claramente la falta de claridad teórico-conceptual por cuanto a las nociones de cultura y arte en los hacedores de la iniciativa. Y es que desde el momento en que se pretende distinguir de las artes a la literatura, evidentemente estamos entrando en un terreno pantanoso en el que la pregunta obligada es ¿la literatura no es arte? ¿Qué se comprende por bellas artes? En suma ¿qué entiende la iniciativa por arte y por cultura? Pareciera un asunto nimio, pero es terriblemente profundo, porque mientras un Estado no tenga claro qué es la cultura y, en cambio, se aproveche de ello para improvisar instituciones a modo, lo único en lo que podríamos estar abonando es en el fortalecimiento de un Estado totalitario, fascista y dictatorial, en el que la cultura es utilizada como factor determinante de legitimación ideológica. Y cómo no si, por ejemplo, en el caso que analizamos, fracciones como la I, III, IX, XIII, XIV y XV del Artículo 2º de la Ley Orgánica del INAH son abiertamente contrarias a lo contemplado por la iniciativa de marras. Situación similar a la que acontece con la fracción II del Artículo también 2º de la Ley que crea el INBAL, por la cual se determina ahora que la organización y desarrollo de la educación profesional en todas las ramas de las “bellas artes”, quedará a cargo de un Consejo Técnico Pedagógico que se “integrará con representantes de las unidades administrativas de la SC y de la SEP, así como de las unidades administrativas del propio instituto”. ¿Unidades administrativas? ¿Qué quiso decir la iniciativa? Lo pregunto, insisto, porque son dos cosas totalmente distintas el que antes se hablara de “dependencias técnicas” y ahora de “unidades administrativas”, lo que constituye prueba fehaciente de que estamos ante una iniciativa que está muy lejos de ofrecer un verdadero cambio de paradigma cultural.

Hoy, para la iniciativa, da lo mismo hablar de cultura que de arte, bellas artes o literatura y mientras subsista tal confusión, se substituya solo el nombre de las instituciones  estatales o se mantenga a los mismos funcionarios que han estado por casi 20 años al frente del CNCA, INAH, INBAL, FONCA y similares, sin ofrecer a la nación un proyecto cultural serio, solo se enrarecerá la triste realidad que padecemos. Pero no podría ser de otra forma pues -quiero pensar- estamos ante una iniciativa que ni siquiera fue revisada por la Presidencia de la República antes de su remisión al órgano legislativo federal, de lo contrario hubiera sido suprimida la primera línea que obra a fojas 40, antes de la firma del titular del Ejecutivo federal, y que a la letra dice: “Reitero a usted, ciudadano Presidente, las seguridades de mi atenta y distinguida consideración”. … Sí, muy lejos estamos de la verdadera transformación cultural que requiere nuestro México.

bettyzanolli@hotmail.com

@BettyZanolli