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Seguirán diciendo… ¿eso no va a pasar?

  • María Antonieta Collins

  • Desde Asunción, Paraguay

Pensé que un viaje hasta este remoto país, -remoto en distancia de Miami- me serviría para dejar un poco la locura verbal que está alrededor de Donald Trump… pero para mí desgracia me equivoqué.

Hasta estas bellas tierras que aprendimos con aquella famosísima canción de “Ypacaraí” ¿se acuerda? Aquella que decía: “Una noche tibia nos conocimos, bajo el lago azul de Ypacaraí…” y que en la década de los sesenta o setenta hacia furor…

Pues bien, dejando la canción de lado, que pongo el televisor y de pronto… ¡zas! ¿Quién creen que apareció? ¡Donald Trump vociferando contra la prensa!

Que haga eso no es nada anormal, lo que sí, es que sigan existiendo los que dicen: “No va a pasar nada, no llega a la presidencia porque le gana Hillary”.

Son los mismos en cualquiera de los bandos políticos decían hace casi un año: “Trump se va a desinflar porque apenas Jeb apriete, lo acaba…” ¿y qué pasó? que los que se acabaron fueron todos los demás y tenemos a Trump como el presunto candidato republicano a la presidencia del país, insultado al que se le ponga enfrente y peor aún: haciendo más amenazas sobre el futuro que espera a los periodistas que se interpongan en su camino.

¿Acaso, después de ver los ataques a reporteros como el de la cadena ABC que lo enfrentó con las preguntas sobre los veteranos y sus donativos a ellos, alguien no piensa sobre lo que sucederá con la prensa?

No hay que ir muy lejos, únicamente leer sus declaraciones. Vuelvo y repito: esto no es asunto de política, es asunto de repasar la historia. ¿Tendrán que volver a existir valientes periodistas que se enfrenten al poder como sucedió con Watergate porque nadie se dio cuenta a tiempo de lo que se venía encima? ¿Llegaremos a eso?

Va más allá de cualquier preferencia electoral. Es asunto de hacerle caso al sentido común. El presunto candidato se nos ha mostrado como es: el patrón. Un hombre rico acostumbrado a decir y a hacer, disponiendo de villas y haciendas, sin que le importe nada más que la meta que se ha propuesto y sin que nadie se le enfrente.

Debiera entender que el bien común para quien sea el presidente del país más poderoso de la Tierra, no significa salir como el vaquero que entra a la cantina disparando bala a diestra y siniestra, no, sino conciliar. Ahí no caben ni insultos, ni muros, ¡por Dios!

Ya no solo somos los mexicanos, los afroamericanos, las mujeres, las que están guapas, las feas y los musulmanes, sino que a este selecto grupo se le unirán los periodistas porque ya lo ha dejado en claro: de ser presidente, su Casa Blanca será totalmente diferente, sin la irreverencia de la que por generaciones han hecho gala los periodistas que cubren esa fuente, y a quienes no importa cuestionar al presidente en turno, le guste o no.

Y con respecto a eso de que “Hillary le gana”, es la primera vez que esa podría ser una frase en peligro, toda vez que Sanders gana terreno con mítines multitudinarios en vísperas de las primarias de California tan necesarias para que ella logre finalmente la nominación demócrata a la
presidencia.

Total, que yo que quería pasarla en paz en esta asignación, diferente de la de julio del año pasado, cuando tuve que cortar la gira del papa Francisco para correr hasta México por la fuga de “El Chapo” Guzmán del Altiplano, estoy casi, casi, ¡con más de lo mismo!