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Segunda vuelta ¿CdMx?

  • Jorge Galicia

El tema de la segunda vuelta está de regreso, el Partido de Acción Nacional lo trae en su agenda para el segundo año de ejercicio de la LXIII Legislatura, en la cámara de diputados, y no van solos, José Woldenberg, ex consejero presidente del IFE, también está interesado en impulsar una reforma constitucional al respecto, con el argumento de que “no es una varita mágica ni lo resuelve todo”, pero sí es una fórmula que puede evitar que nadie llegue al Poder Ejecutivo, al nacional o en los estados, con más rechazo que apoyo.

Es cierto, los escenarios señalan que si en este momento se celebraran las elecciones presidenciales, ninguno de los tres partidos más fuertes en competencia, PRI, PAN y Morena, obtendría más del 50 por ciento de los votos, de ahí que seguramente para muchos ciudadanos la propuesta resulte atractiva, sobre todo si se piensa en la nada descabellada idea de elecciones altamente cerradas entre tres o cuatro candidatos y donde uno de ellos alcanzaría el triunfo con un porcentaje precario de votos. Pero, ¿eso será suficiente para pensar en un ejercicio de segunda vuelta como tal?

La propuesta no es mala, el problema es que esta modalidad se ha implementado en diversos países de América Latina y hasta ahora no parece ser la solución a los problemas que cada región vive, ni siquiera resuelve el tema de la democracia, al contrario, se ha utilizado para llegar al poder y a la hora de gobernar se ha demostrado que la fórmula no funciona ante las cuotas de poder que tienen que pagar a quienes se les aliaron para obtener el triunfo, es decir se basan en alianzas por conveniencia, sin compartir en lo más mínimo los ideales políticos y programas de Gobierno.

De hecho lo que en realidad se está proponiendo ya existe en la práctica en México, ya que sin necesidad de una segunda vuelta algunos candidatos han hecho alianzas políticas que han resultado todo un fracaso a la hora de gobernar. Lo vimos con el PAN y el PVEM, que impulsaron a Vicente Fox, pero en el triunfo los segundos rompieron el acuerdo al no verse representados ni en cuotas ni en programa de Gobierno.

Lo vimos más recientemente en los gobiernos de Sinaloa y Oaxaca, donde PAN y PRD se aliaron para impulsar a sus candidatos Mario López Valdez y Gabino Cué Monteagudo, respectivamente, donde después del triunfo vino el rompimiento entre partidos. Y esos fracasos posiblemente se repitan en las alianzas ganadoras de junio pasado en los estados de Quintana Roo, Veracruz y Durango.

A diferencia de América Latina, el académico José Woldenberg plantea una variedad a la iniciativa de la segunda vuelta electoral y dice que en el caso de México se podrían introducir algunas salvedades. Por ejemplo, si un candidato obtiene el 40 por ciento o más de los votos, el resultado sería una diferencia de más de 10 por ciento sobre el segundo lugar, lo cual para esos casosno sería necesaria una segunda vuelta.

Por lo pronto, Woldenberg plantea que la figura de la segunda vuelta sea tomada en cuenta en la redacción de la naciente Constitución de la Ciudad de México, ya que de esa manera nadie ocuparía la Jefatura de Gobierno y las alcaldías sin haber pasado por una decisión que no solo mida afectos, sino también rechazos.

Segundas vueltas las acabamos de ver en las elecciones recientes de los países de Argentina y Perú, pero también las hay en Colombia, Chile y Brasil, entre otros y que sepamos, ninguno de esos gobiernos se distinguen como más democráticos o más legítimos. Aquí la pregunta es ¿La ciudad de México será el punto de partida para instaurar en México la segunda vuelta electoral? Tal vez.
jorgelgalicia@yahoo.com.mx