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Segunda vuelta: impertinencia y desesperación

Por Luis Humberto Fernández Fuentes 

Hay momentos en los que la desesperación doma a la racionalidad y al sentido común, este parece ser el caso de la aspiración para legislar sobre la segunda vuelta electoral expresada en los últimos días por la dirigencia panista. Seguramente después del análisis sobre las elecciones en el Estado de México y Coahuila tomaron nota de que en ambos casos las alianzas definieron el resultado, por lo que buscan ajustar la estrategia.

El PAN frente a la imposibilidad de ganar la elección presidencial, apuesta por otra imposibilidad, en este caso jurídica: instaurar en este momento la segunda vuelta electoral. El problema implica modificar la Constitución a su estrategia, lo cual es imposible e impertinente. El artículo 105 constitucional menciona que no se puede legislar en materia electoral 90 días antes del proceso electoral. Su contenido tiene un objetivo muy claro: que no se realicen reformas electorales a modo, ya que avivaría la desconfianza en las asimetrías y con ello al conflicto político. ¿Cuál es la intención de destruir una medida pertinente y sensata, como es esta previsión constitucional?

En este momento la aspiración de legislar por la segunda vuelta no es una preocupación honesta por la democracia, es una estrategia política partidista que quiere ser vertida en la Constitución, mediante el uso faccioso de la ley para buscar el poder.

Si hubiera honestidad, la propuesta se centraría en cómo mejorar la democracia cara, de mala calidad, que no genera certidumbre alguna, así como en fortalecer instituciones sin credibilidad y capacidad para lograr consensos, rediseñar un aparato lisiado por las designaciones de funcionarios que debieran ser autónomos (magistrados, consejeros y fiscales) y hoy fungen como representantes de los partidos políticos, además de interrumpir el ciclo de corrupción entre aportaciones ilegales a campañas políticas a cambio del pago de contratos y privilegios a proveedores.

Hay iniciativas en esas materias que sí fortalecerían a la democracia, no implicarían trastocar el Estado de Derecho ni la armonía del proceso electoral, pero eso no importa, para los promotores de la segunda vuelta sólo existe el interés de tener condiciones ventajosas para la elección presidencial del siguiente año.

La elección del 2018 será el choque entre dos fuerzas: un status quo que ya no le sirve ni a sí mismo, pero que busca a toda costa mantener privilegios, recursos públicos y el uso faccioso del gobierno, y un proyecto de cambio y equilibrio. Ya no hay una tercera alternativa, ni hablar de una cuarta.

La aspiración de la segunda vuelta es la medida para consolidar un bloque que defienda a los intereses. Es el Plan B. Prueba de ello son las declaraciones del expresidente Vicente Fox, quien advirtió que se encargará de que Andrés Manuel López Obrador no llegue a la Presidencia de la República en 2018.

En algún momento se tendrá que hacer un debate nacional sobre la segunda vuelta y otras medidas que fortalezcan y hagan más eficiente a la democracia, hoy, una vez rebasado el umbral de tiempo constitucional, es una impertinencia tramposa y peligrosa, es un desdén por las instituciones, es la prueba de que ni la Constitución ni la democracia les importan.

Este bloque tiene una prioridad: impedir que se dé un cambio, evitar que se limite a una clase política y empresarial expoliadora. El único objetivo es que Andrés Manuel López Obrador no sea Presidente. No lo lograrán.

@LuisHFernandez