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Seguridad en las universidades

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villrello Reza

Deber de todo universitario es contribuir a la seguridad de las personas en las instituciones de educación superior, en apoyo a las medidas tomadas por sus autoridades. Tal es el caso de las anunciadas por el rector de la UNAM, Enrique Graue, respaldadas por el cuerpo directivo y apoyadas por toda la comunidad.

El reciente caso de la joven encontrada muerta en el campus de Ciudad Universitaria (CU) generó la indignación pública y la condena. En otros artículos, en este mismo espacio, hemos suscrito el llamado a reforzar las medidas preventivas en varias universidades para sus estudiantes, principalmente, pues es de lamentarse que no solo en la UNAM, en ese campus, haya sucesos de esa o similar naturaleza. Se conocen o se han ocultado incidentes lamentables que han tenido lugar en otros centros fuera y dentro de ellos; de la Ciudad de México o de otras entidades de la República, que van desde el acoso, el asalto, violaciones y hasta la muerte, como producto del clima generalizado de violencia en el país y que desgraciadamente viene arrastrándose desde tiempo atrás, tal vez agudizándose en este siglo.

En el caso del campus de CU se ha insistido en que al ser un espacio abierto prácticamente no hay límites para ingresar al mismo; sin embargo, en mucho ayudará las diez acciones que se están ya reforzando y que incluyen mayores controles físicos y electrónicos de seguridad, pero sobre todo a la venta de drogas. No es un asunto fácil, pues los distribuidores de los enervantes están coludidos con mafias externas.

A pasar a las acciones dentro de las aulas y de los espacios comunes que comparten los alumnos, académicos y trabajadores. En ello hay mucho que hacer y ejercer el derecho de la denuncia y de la atención a las víctimas. Los mismos universitarios deben ser vigilantes en el sentido de la observación y acostumbrarse a evidenciar los hechos que no corresponderían a un ambiente de integridad y bienestar, como lo enfatiza el mismo cuerpo directivo de la UNAM. Las universidades están llamadas a influir a través de la enseñanza y  en la vida cotidiana.

Pero también la única forma de combatir la impunidad es buscar insertarnos  en la  llamada cultura de la legalidad que debe emprenderse en todos los ámbitos y en los entornos de los centros educativos; en las calles, en el metro y en los paraderos de autobuses, por lo que debe ser una labor conjunta con las autoridades delegacionales y del gobierno de la Ciudad de México.

No hay porqué separar o extraer lo que acontece en la realidad del día a día dentro de las universidades porque, en principio de cuentas, están insertas dentro de esa realidad cotidiana.Y sobre todo, no dejemos que los jóvenes sean los perjudicados, porque se daña a toda la sociedad en su conjunto.