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Semana Azteca presenta: Pendejadas, barbosadas y, ¿dónde está el gobernador? / Juego de Palabras / Gilberto D Estrabau

  • Gilberto Destrabau

 

La doctrina jurídica clásica concibe al fuero como aquella prerrogativa de senadores y diputados -así como de otros servidores públicos contemplados en la Constitución- que los exime de ser detenidos o presos, excepto en los casos que determinan las leyes, o procesados y juzgados sin previa autorización del órgano legislativo al que pertenecen. No los protege de ser insultados públicamente, ya sea por sus oponentes o por sus correligionarios.

Así, el pasado jueves, el diputado panista Gustavo Madero envió un tuit al coordinador de su partido en el Senado de la República, Miguel Barbosa, diciéndole que era un pendejo y que estaba diciendo puras barbosadas, acerca de la posición del remitente en torno al impuesto a las bebidas azucaradas. El asunto no importa: lo criticable aquí es que un diputado le diga pendejo públicamente a un senador de la República, cuando hay tantos modos de decir pendejo sin decir pendejo. El idioma español no es tan rico como la mayoría supone – apenas 93 mil palabras contra 500 mil de alemán y el italiano y 700 mil del inglés – pero tampoco tan limitado que no permita expresar opiniones peyorativas sin recurrir a la grosería.

El idioma tiene templos del buen decir y es opinión de la mayoría pensante que el Congreso debe de ser uno de ellos.

Dirimir los asuntos importantes de la República a través de insultos la ataca y disminuye, la pone al nivel de la calle y la cantina. El diputado Madero debe excusarse. No con Barbosa. Si lo quiere mandar a la chingada que lo haga, pero en privado. Con la Cámara de Diputados a la que pertenece, y con el pueblo mexicano que aquella representa. Decía Gabriel García Márquez, con razón, que el idioma hay que usarlo todo. Pero no, digo yo, en todas partes.

Además, insultar a las personas deformando sus apelativos es la forma más barata del humor. No demuestra el ingenio de un Voltaire –vamos, ni el de un Capulina– convertir babosada en barbosada. Además, el chihuahuense se expone a que le vuelvan el chirrión por el palito y, para dar un simple ejemplo, conviertan el femenino de su apellido en mamadera.
¿Y dónde está el piloto?

Se exhibe todavía en televisión una película que se intitula “¿Y dónde está el piloto?” y nos acordamos de ella porque algo parecido a su argumento – que no hay piloto en un avión – estuvo a punto de ocurrir mañana domingo primero de noviembre en Colima, cuando debía tomar posesión el gobernador interino, el congreso local –de mayoría panista- no se ponía de acuerdo en nombrar uno, y se hablaba de que el nombramiento lo haría el Congreso de la Unión, así que los colimenses se pasarían el Día de los Muertos Chicos preguntándose mutuamente: -¿Y dónde está el gobernador?

Afortunadamente, al mediodía de ayer, salió humo blanco, y no precisamente del volcán (que se llama “de Colima” pero está en Jalisco): fue designado gobernador interino el notario Ramón Pérez Díaz – de filiación priísta, pues fue secretario de Gobierno con Carlos de la Madrid Vírgen – para cubrir el período del primero de noviembre de 2015 al 16 de enero de 2016.

Buenos días. Buena suerte.
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