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Semana decisiva

  • Alejandro Díaz

La semana decisiva llegó. Después de meses de escuchar insultos, ataques, propuestas y contra-propuestas en lo que se supone fue la campaña electoral, los ciudadanos de cuatro entidades decidirán por qué candidatos votar. Aunque los partidos sigan teniendo presencia es la calidad de los candidatos lo que capta la intención de voto del elector.

Dicha intención ha sido medida en múltiples encuestas y es particularmente dispersa en Veracruz donde se elige únicamente alcaldes, lo que impide predecir fácilmente quién triunfará ahí. En el extremo contrario, en Nayarit todas las encuestas marcan una clara ventaja para la coalición opositora. Entre ambos extremos están Coahuila y el Edomex donde hay encuestas con resultados encontrados. La verdad de estas encuestas la sabremos hasta después de las elecciones.

Ya lo vimos hace un año, cuando las encuestas publicadas daban por seguro el triunfo del PRI en once estados y lo obtuvieron en menos de la mitad. En Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas la población le dio la espalda al partido gobernante (y a las encuestadoras), pues lo publicado no coincidió con los resultados. Las encuestas no siempre mostraron lo que iba a suceder.

¿Por qué las encuestas frecuentemente no dan resultados certeros? Hay varias razones y la primera es que muchas personas responden a los encuestadores lo primero que se les viene en mente, pero a la hora de votar sí escogen su preferencia. Además, no todos los ciudadanos manifiestan fácilmente su intención de voto y se la reservan hasta casi el último minuto. Así quedan catalogados como “indecisos”, pero es altamente probable que ya estén decididos y no lo quieran manifestar.

Pero hay otra razón de la que no se habla: que hay encuestas diseñadas para obtener resultados favorables a quién paga por ella. Ya sea definiendo un grupo escogido de personas que ya se sabe cómo contestarán o porque las preguntas están sesgadas para asegurar una respuesta conveniente. Técnicamente se puede mostrar lo que se desea.

Cuando hay encuestas con resultados diferentes sobre un mismo tema, lo más seguro es que una de ellas -o las dos- estén en este supuesto. Así están las encuestas de Coahuila y el Edomex. Unas u otras mienten por error o deliberadamente (quizás todas), pero el resultado solo se sabrá hasta que se cuenten los votos. En estos momentos no hay forma de saberlo con certeza.

Algunos partidos festinan su triunfo antes de la elección con el solo interés de intentar convencer a quienes creen indecisos. La experiencia indica que divulgar quien tiene más intención de voto es argumento con pocas posibilidades de influir en los comicios, ni siquiera como “voto útil”.

Algunos gobiernos estatales tienen resultados tan precarios que no logran reelegir a su partido sin importar qué tan bien diseñada esté la campaña o que tanto dinero gaste en publicidad. Remontar el desprestigio requiere de gran carisma y esfuerzos muy grandes para lograrlo. Incluso, cuando se aprovecha la multiplicación de partidos y candidatos para dispersar el voto opositor.

Pero cuando el ciudadano va a votar con conocimiento de a quien darle su preferencia ya no lo distraen estrategias oportunistas o pensadas para campañas futuras. Para entonces sabe bien lo que quiere que cambie y apoyará la opción que lo logrará sin caer en una aventura mesiánica cuesta abajo.

daaiadpd@hotmail.com