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Sentido de supervivencia

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Después de la infausta decisión de año nuevo de subir fuertemente el precio de los combustibles, el Gobierno está empeñado en mostrar una cara amable sin corregir nada. Después de lanzar esta iniciativa muy mal recibida por la población, quiere mostrar una cara amable sin lograrlo. Las protestas a lo largo y ancho del país debían sensibilizarlo.

Sin intentar en ningún momento reducir la carga fiscal para disminuir precios de venta ni buscar ahorros sustanciales en el gasto público, han hecho concesiones mínimas. Sí atrasaron el aumento anunciado para febrero y disminuyeron ¡en dos centavos por litro! el precio unitario. Lo que quiere decir que por concesión graciosa del supremo Gobierno  ahorramos un peso veinte centavos por cada tanque de gasolina. Parece una burla.

En vez de ajustar los impuestos que encarecen los combustibles como lo demandan quienes protestaban, han hecho mini ajustes al precio base de la gasolina. Así eludieron el aumento programado e hicieron la ridícula reducción. Los centavos disminuidos que son menos que los costos de ajustar las bombas y de los errores al hacerlo.

Alejados de la demanda popular no han reducido la carga fiscal ni mostrado interés en ahorrar cantidades importantes de gasto público.

Siguen haciendo lo que hacían antes de darse cuenta del enorme hoyo fiscal en el que se metieron. Como si todo fuera causa externa -el precio del petróleo, el entorno financiero internacional, las amenazas del triunfo de Trump, etc. no se sienten obligados a corregir. Y antes de pensar en reducir gastos, sueldos y dispendios recurren al expediente que creyeron más sencillo: subir los precios de los combustibles a través de impuestos.

Pero la población mexicana no es la misma de hace treinta años y no aceptará serenamente cualquier afectación a su forma de vida. Y la parte más sensible es reducir sus ingresos disponibles. No han sido solo las protestas públicas, también la opinión en encuestas da un amplio rechazo al actual Gobierno. La aprobación presidencial se redujo a mínimos nunca vistos y el apoyo al partido en el Gobierno también toca mínimos históricos.

Ningún Gobierno puede pedir impunemente que los ciudadanos se aprieten el cinturón sin poner el ejemplo. Molesta al pueblo saber por los medios de comunicación de sueldos y sobresueldos de legisladores y funcionarios, de desfalcos que quedan impunes y de grandes muestras de corrupción mientras le imponen mayores impuestos.

Ciertamente a nadie le gusta pagar impuestos, pero acepta hacerlo si éstos son adecuados y se utilizan para beneficio común. Pero no así de mayores cargas en momentos que se sabe de dispendios, de sueldos altísimos, de fuerte corrupción que queda impune y para culminar de un aumento exagerado de la deuda pública.

El Gobierno ya ha mostrado anteriormente su incapacidad de reacción, pasmado ante diversos problemas. Pero ante las protestas por el gasolinazo debiera reaccionar, así sea por elemental sentido de supervivencia.
daaiadpd@hotmail.com